Corría el año 1961, y comenzaba a faltarle el dinero. Falto de inspiración literaria, pasaba la mayor parte de su tiempo en la asociación “Power to the People”, un ámbito político – religioso a cargo del reverendo Bitch Sanonof, un cuarta línea de aquella agrupación libertaria liderada Malcom X.
Una tarde, mientras Demian cambiaba los inciensos del altar de la Iglesia St. Marcus, en Lousiana (el trabajo era ad honorem, pero tenía acceso a las urnas de donaciones), se apersonó el mismísimo “Duke” (Ellington). Nunca había visitado el templo, lo que le otorgaba al hecho características místicas, como de las que presagian la llegada de buenas nuevas.
Ellington sabía del affaire sobre el malogrado lanzamiento discográfico de Ferrante & Teicher. Y reconoció de inmediato a Demian ... sucedía que sus fiascos resonaban mucho en la TV .... tanto, que se había ganado el mote de “Mr. Disaster” , y bien merecidamente.

Apartado que fuera de sus tareas por el reverendo Sanonof, Demian se dirigió a la calle azuzado por el gran maestro del jazz que tanto admiraba, quien ahí mismo se comprometió a reivindicarlo: “... esta noche, Ferrante, en el Estadio de Baseball de Lousiana, llegará tu hora grande ... vas a poder demostrar lo que sabés hacer en el piano”, le dijo.

Los abucheos, insultos y agresiones de los frustrados espectadores (toda la comunidad negra estaba allí presente para ver al gran Duke), estaban dirigidos a Ferrante... el culpable a los ojos de todos de lo que allí ocurría... y, para colmo, un impostor disfrazado!
Como pudo, Demian huyó en la oscuridad gracias a un encendedor que llevaba consigo. Por desgracia, en la corrida, casi sobre la salida, se le cayó y no supo dónde... pensó, es el encendedor o mi vida, y eligió lo segundo.

A meses de aquel incidente, y cuando todo lo relacionado con la música parecía terminado para Demian, Ellington volvió a aparecérsele nuevamente por la iglesia. Superando supersticiones, y respondiendo al llamado de la sangre (1), lo invitó a tocar unos temas con él, bajo la promesa de grabarlos en un “Extended play” (2 ó 3 temas de cada lado), y concediéndole a Ferrante la elección de sus nombres (El Duke le encomendó a Demian escribir las letras dada su profesión de poeta; el disco fue finalmente instrumental) (Ver foto)

Se hicieron más de 10 mil placas de aquel master, pero nadie jamás pudo escuchar esos temas de Ellington. Las cintas se perdieron ... y los discos, los 10.000, igualitos a los que ilustran esta nota, tienen en el centro pegada la etiqueta de color rojo, pero carecen de surcos. La razón: la prensadora, que no es otra que Sun Records – damnificada en el evento F & T -, decidió no grabarlos para evitar un nuevo incendio (2).
(1). El Duke ya sabía que Ferrante era blanco, pero como compartían el mismo grupo sanguíneo quería tenerlo cerca en caso de necesitar una transfusión
(2). El incendio se evitó, y las placas vírgenes se reutilizaron para grabar 10 mil discos más de... sí, de Elvis (éste se fumaba, pero no quemaba a nadie).