01 abril, 2007

Elvis del subdesarrollo

Nueve meses después de desbaratarse el siniestro plan que intentó simular el suicidio de Demian Ferrante Kramer utilizando el cuerpo del infortunado Elio Dobetti, socio de la Fundación (Ver “La muerte, último recurso”), la “banda” encabezada por el presidente de esa honorable institución, Walter Liberatti, veía nuevamente la luz del sol.

Aquel tiempo en prisión, lejos de servirle al grupo de escarmiento, espacio de redención o reencuentro con la moralidad perdida, por el contrario potenció la imaginación de todos ellos, generando nuevas y desesperadas ideas con el único fin de “obtener dinero”, aunque, como de costumbre, sepultando las verdaderas intenciones bajo un mar de mentiras, a los fines de presentar el tema ante la comunidad de Villa Martelli como una “causa noble y altruista”

Liberatti y compañía sabían que los fondos para cualquier operación de la Fundación, por demencial que fuera, siempre provenían del mismo lugar, los parroquianos; y que el “engaño” ya formaba parte de su “Modus operandi”: “La gente compra cualquier cosa ... Démosle pan y circo que es lo que quieren”, decía jactancioso, seguro de contar con el apoyo popular de “La gilada”, como él la llamaba.

Propuestas hubo muchas.... La de Nieto, por ejemplo: reeditar viejos cuentos de Demian. Pero la sugerencia fue dejada de lado, porque la Fundación había vendido los últimos ejemplares manuscritos confundidos entre el papel de diario y botellas que colectaban de los vecinos para hacer frente al pago de la luz, gas y teléfono de la sede.

También Medina sugirió la suya, abrir la Iglesia Ferante Kramer, iniciando un nuevo credo universal que partiera de Villa Martelli para proyectarse al mundo. Decía que “La filial de Denver ayudaría mucho a la divulgación del grupo... Que allá las sectas y las religiones prendían fácilmente”. Pero tampoco gustó... A todos los consocios les pareció demasiado; en el pasado, la Universidad, el Museo, y proyectos similares habían terminado en estruendosos fracasos. Además, recién salían de prisión, y una idea así, con la iglesia en contra, les aseguraba volver a estar entre rejas.

Sin embargo, Vergatiesa, que estaba escuchando atentamente a Medina, se despachó con algo que pareció interesante: “Che, vieron que a Dobetti le gustaba mucho parecerse a Demian, no?... Bigote, barba candado, pelo largo... Decía que ese look le gustaba a las minas, se acuerdan?”

Nadie entendía nada... Adónde quería ir Vergatiesa. “Dale, aclará que oscurece... Andá al grano Genaro!”, sentenció Liberatti.

“No, decía... Y si hacemos un concurso de “Dobles de Ferrante Kramer”.... Digamos: “Sé un ganador como Demian, parecete a él”... “Esteee... Decía, nomás.... No estamos un poco cansados de verlo siempre como un perdedor?”.

Liberatti, que tenía su orgullo, casi lo trompea a Vergatiesa cuando escuchó la palabra “perdedor”. No podía soportar que de su amigo, el “Coloso tumbesino”, se dijera algo semejante. No obstante, reflexionó y dijo dirigiéndose al grupo: “Genaro tiene razón, hagamos grande a Ferrante, carajo!!”... “Y cómo es eso del Concurso... Dale Genaro”, agregó contagiando entusiasmo.

Vergatiesa se despachó con los lineamientos. Abrir una suscripción en Martelli y Denver, simultáneamente. Al estilo de los concursos de dobles de Elvis Presley. Habría un premio para el ganador – el mejor imitador de Demian – que se pagaría con los ingresos por inscripciones.

La idea era un delirio, pero cerraba... Según Vergatiesa, al que ya todos seguían como locos, los afiches para la campaña los conseguirían de fiado... Y con un poco de la FM local, el hombre sándwich haciendo la calle principal con un aviso “Ganá como gana Ferrante”, más otro tanto del boca a boca, la campaña adquiriría sin lugar a dudas una fuerza descomunal.

Y así fue... Como en todo evento donde “se promete plata”, la concurrencia respondió masivamente. Todos solicitaron las bases y en pocos días se había recaudado lo suficiente para solventar el premio – $ 1.000 – y hasta logrado un pequeño superávit que le serviría a la Fundación para pagar sus deudas. Por primera vez, un éxito total.

Pero lo que parecía a simple vista una tontería, habría de complicar la marcha de los acontecimientos. De a poco, uno a uno los inscriptos se fueron presentando ante la Fundación solicitando una foto de Ferrante Kramer para tomar como modelo a imitar. Las bases decían que podían encontrarse imágenes en la contratapa de sus libros, en notas y reportajes, a través de Google, etc., pero en ninguno de aquellos lugares había una mísera referencia a Demian, siquiera una mención de su nombre y menos una fotografía.

En la Fundación nadie supo qué hacer... Tampoco ellos tenían una foto de Demian.

Todo podría haberse resuelto devolviendo el importe de las inscripciones. Sin embargo, no fue posible. En aquellos días previos al cierre del concurso, llamó mucho la atención entre los vecinos de Villa Martelli que se viera a Liberatti, Medina y Nieto luciendo nuevas remeras, pantalones y zapatillas de marca. Y ni hablar de los comentarios que se generaron por el motociclo Zanella en el que se lo veía aparecer a Vergatiesa.

Una tarde, a raíz de una denuncia por estafa, la policía se hizo presente en la Fundación sin que siquiera el grupo lo advirtiera. Estaban demasiado borrachos como para darse cuenta. Dicen que fue Medina el que dijo “Che!... Todavía nos quedan veinte mangos... Y si compramos vino???”


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