31 octubre, 2006

El Museo Demian Ferrante Kramer

El destino es esquivo con algunas personalidades de la historia. Desde Judas hasta nuestros días podemos rescatar una interminable lista de personajes que contribuyeron al desarrollo de la historia, y por –vaya a saber que motivos- no son reconocidos por la misma, como protagonistas destacados.

A fines de 1982, esta idea se había establecido en un grupo de integrantes de la Fundación DFK. ¿Por qué Demian no era reconocido mundialmente por su obra? ¿Por qué la sucesión de fracasos en todo lo que estuviese destinado a encumbrar su figura? Walter Liberatti (presidente de la fundación) ya no tenia argumentos para contener cierto dejo de fastidio que empezaba a entreverse entre un sector de los miembros de la comisión directiva.

Si bien no podemos confirmarlo (ya que en la Fundación niegan sistemáticamente fisuras internas) este puede haber sido el origen del surgimiento de un grupo disidente dentro de las huestes de la Fundación encabezado por Luis Copérnico quien en su momento fuese vocal suplente de la entidad. (Si el lector desea mas datos acerca de este tema, puede consultar el detalle de la misma en la entrada titulada “La Noche Oscura de la Fundación DFK” en los archivos del mes de septiembre).

El hecho es que del seno de este grupo combativo surgió la figura de Reynaldo Libertilla. Un joven de bajo perfil, muy criterioso y de andar cansino, quien se resistía a que la memoria de Ferrante Kramer terminara transformándose en un recuerdo aburrido. Demian había hecho mucho… y había mucho por mostrarle al mundo.

La sombra de los grandes fracasos que habían sesgado las iniciativas de Milo Alvarez (La Universidad DFK) y Carmelo Lipozzi (con la Estatua de Demian) en un primer momento, inhibieron a Reynaldo de pedir el apoyo abierto de las autoridades de la Fundación para encarar un nuevo proyecto.

Su idea, era más simple y menos grandilocuente.
Él intentaba recopilar información, objetos, vivencias y evidencias de la vida de Demian de tal forma de poder compendiarlas en un lugar físico para que todos aquellos que quisieran interiorizarse sobre la obra de Demian pudiesen hacerlo sin limitaciones. Las cosas estaban dadas para el surgimiento de un modesto Museo Ferrante Kramer que, con el aporte de los sin duda miles y miles de seguidores de Demian alrededor del planeta, podría convertirse en un lugar de referencia de la cultura mundial.

Lo ideal para esto, era encarar el proyecto con el más bajo perfil posible. Por eso, Reynaldo forzó un encuentro casual con Walter Liberatti en el local de Casa Tía de Monroe y Cabildo un domingo a la tarde en la cola de las cajas, en el cual después de hablar casi diez minutos sobre el precio de los cortes de novillo, le tiró la idea de generar un ámbito de “veneración cultural” para Demian. Walter, que estaba más preocupado por que no se le cayeran del chango las latas de duraznos el almíbar, que en el relato pausado y tranquilo de Reynaldo, ponía cara de prestar atención.

Teniendo en cuenta que Liberatti en ningún momento le dijo “no”, Reynaldo asumió tácitamente la aprobación para este proyecto e inició un trabajo de hormiga que lo llevó a viajar en más de una oportunidad a Tumbes, sin mucho resultado, a esperar durante horas en distintos bares de Latinoamérica a familiares de Demian que nunca llegaban, y a enfrentarse casi sistemáticamente con la indiferencia de las personalidades que a lo largo de los últimos años habían –directa o indirectamente- interactuado con Demian.

Sólo obtuvo apoyo de un grupo de personas olvidado por la Fundación. Casi encontradas de casualidad, y que a fin de cuentas podrían aportarle mucho más de lo que el imaginaba. Reynaldo había dado con las Viudas de Demian.

Demian nunca se casó. Solo se le conoce una relación amorosa (la chilena Hilda Las Condes) que término al borde del escándalo, y no hubo pruebas certeras de vínculos del coloso de Tumbes con mujeres. Mas allá de esto, este grupo de damas se autoconvocó –en principio aduciendo haber tenido relaciones sentimentales con Demian- pero al momento de cruzarse con Reynaldo, no eran más que un rejunte de vecinas con tiempo libre y ex empleadas de servicio doméstico, sin ganas de trabajar por horas.

Desde la Fundación, le quitan importancia a este grupo, aduciendo que solo se aglutinan esperando que en algún momento surja algún beneficio económico del vínculo de dicen haber tenido con Demian.

El hecho es que Hebe Losada, Maria de los Milagros Garrido y Susana Trocadero, principales referentes de ese grupo, prometieron a Libertilla documentos resguardados con celosía, fotos desconocidas y hasta prendas y ejemplares de libros de Demian que nunca llegaron a la Argentina. Eso sumado a algo de material que el había escuchado había en los archivos de la Fundación, eran el puntapié inicial.

Reynaldo fue a ver a Jorge Aguado, en ese entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, para solicitar apoyo, pero fue imposible superar el filtro del asesor del coordinador de ceremonial de la secretaria general de la gobernación.

Con la certeza de no hacer ostentaciones pero seguro de poder cumplir con su objetivo, buscó el apoyo de la Fundación para alquilar un local. No tuvo mucha repercusión, pero en las huestes de Villa Martelli se instaló el pensamiento de que si se habían embarcado en tantas... si tal vez no entraban en ésta y verdaderamente funcionaba al menos parcialmente (lo cual por su simpleza, podría ser factible) se iban a arrepentir de por vida.

El hecho es que, logro alquilar un local a un par de cuadras de la Fundación, en el segundo subsuelo de la Galería San Martin en el centro de Villa Martelli. Recopiló la foto que lloraba sangre (ver entrada sobre el tema), unas copias de algunos escritos de Demian, fotocopias de las cartas que envió a su madre en su juventud y se puso a esperar el invaluable aporte de las “Viudas”. Pasaron los días y el material no llegó. Decidió inaugurar igual pero lo poco que había logrado reunir no alcanzó para convertirse en el epicentro cultural de la zona. Recibió visitas de algunos amigos que pagaron la entrada, pero a gatas logro pagar los gastos de arranque. Las viudas finalmente nunca acercaron material que certificara su relación con Demian.

El museo duró 42 días. Al día 43, Reynaldo supo que no daba para más. Por más importancia que tuviera la figura de Demian en el mundo, evidentemente la fortuna le volvía a ser esquiva. Iba a terminar siendo un don nadie.

Reynaldo abandonó la Fundación por sentirse fracasado. Dicen que a los seis meses, en el mismo local montó una panadería. El empleado al ser consultado por integrantes de este blog, negó relación alguna con Libertilla.
Muchos seguidores de Ferrante Kramer con el tiempo aseguran que el Museo encarado por Libertilla estaba destinado al fracaso desde antes de nacer. Reynaldo, mas allá del traspié, con el tiempo fue encontrado en los alrededores de la panadería, y reflexionó con integrantes de este Blog acerca de su error: habia montado un museo sobre una figura de la cual no se tenia certeza exacta de su muerte.
¿Habría que embarcarse en la mision profética de cerciorarse de su muerte o tal vez matarlo de una buena vez por todas? Entonces, ahi sí... el museo sería un éxito.
Reynaldo no era un hombre acostumbrado a digerir fracasos...

2 comentarios:

Vic Morrow (el de Combate) dijo...

Marivillosa pintura de Demian. Si yo estuviera vivo, iría en persona a felicitar al autor de la nota. Excelente!!

Anónimo dijo...

A mi tampoco me gusta el helado de pistacchio.
Me parece un poco amargo.
Una pregunta:
¿El pistacchio es radiactivo?

Elsa Lame
(Milán)