24 abril, 2007

La Liga: "El Hombre Auto de Castelar" (Parte 2)

Demian estaba a sus anchas en la Lamborghini de su nuevo héroe barrial. Hacía tiempo que no lo trataban tan bien. Pero.. ¿Quién era en verdad el Hombre Auto de Castelar?. ¿Un miembro de La Liga como sostenía Ferrante ante sus amigos, u otro de sus delirios nacidos del alcohol y la falopa barata?

La intriga se develaría poco a poco, ante el asombro de todos los presentes....

- “Así, con los ojos vendados como los tenía, el Hombre Auto me tomó la mano izquierda y la puso sobre el comando de cambios” –prosiguió contando Demian a sus amigos del bar-"... Ahí me doy cuenta que es con palanca al piso... Y no se me ocurre mejor idea que decirle: ¡Che!!!...Cada vez las hacen más chiquitas estas palancas, parecen de juguete!!, seguido de una carcajada...”

- “Para qué se lo habré dicho!!... Me pegó un cachetazo que todavía me duele. Fui un pelotudo, lo ofendí... El tipo me invita a subir a un bólido de miles de dólares y yo me salgo con ese mal chiste”, se lamentó Ferrante ante el grupo.

- “Al toque, reaccioné, y le dije: Disculpá, me voy a quedar con la boca cerrada..."

- “Y el tipo, un caballero, me dice: “OK, man, acepto tus reglas, no abras la boca si no querés!. Concentrate en los cambios y todo bien. "Y agrega: “Ah!!, y disculpame, el que estuvo violento fui yo” ... Mientras me tomaba de la barbilla, y la movía suavemente de lado a lado”.

- “OK, amigos como al principio”, le respondí.... “Pero igualmente decime cómo son los cambios, cómo se mueve esto, que no entiendo nada..!”, añadí...

- “Que te guíe el instinto!!... Como cuando piloteaste aquel Brabham que me contaste”, sugirió el Hombre Auto, en tomo amigable.

No obstante la confianza que había depositado el Meteoro de Castelar en él, igualmente Demian estaba muerto de miedo... Era lógico... ¡A ver si hacía otra cagada como con el coche de Ecclestone!...


Y dicho y hecho, los nervios lo traicionaron y comenzó a mover la palanca de cambios frenéticamente. La tiraba hacia atrás, para adelante y los costados, y la Lamborghini no hacía más que dar brincos y saltos.

Demian le estaba dando una furibunda sacudida a la máquina del Hombre Auto, pero no era su culpa. De alguna manera, el enigmático corredor de Castelar la había puesto en manos del Peruano, a su exclusivo riesgo.

Después de estar así unos minutos, de pronto Ferrante pareció encontrarle la vuelta al asunto, y salió disparado como un rayo ciego. En el fondo, probablemente estuviera feliz de tener los ojos vendados y no ver lo que pasaba afuera.... La velocidad del móvil era tremenda!...


Sin embargo, más allá del peligro en que se encontraba y del natural temor que la situación representaba para su vida, Demian parecía un poseído. Como si no le importara otra cosa que tirar y tirar cambios.. No cabía duda alguna que el fierro le gustaba de alma.

El raíd por la ciudad continuaba, y Demian, aún sin ver lo que estaba haciendo, se daba cuenta que lo suyo iba mejorando. Su amigo, el héroe de la zona oeste, emitía onomatopeyas clásicas de asentimiento a su tarea como coequiper. “Uyy!!”, “Ahhh!!”, “Guauuu!”, “Papáaa!” o “Campeón”, lo que hablaba que Ferrante tenía un don especial con la palanca.

- “Habrán sido 10 minutos”, dijo Demian a los presentes, y el Hombre Auto dice: “Pará, pará, ya llegué, ya llegué... Sos una máquina, winner!!”, y me sacó la venda de los ojos.
- “Estábamos en la otra punta de la Capital Federal, habíamos recorrido como 50 kilómetros en un abrir y cerrar de ojos”, exclamó asombrado, ante la mirada complaciente de los presentes que veían detrás de la historia algo extraño.

Uno de ellos, Braulio, salió un momento del bar y se dirigió al taller mecánico de Genaro Pozzi, ubicado a pocos metros de donde estaban escuchando a Ferrante. Pozzi era un fanático de los autos de competición; conocía Indy Car, Fórmula 1, Canam, TC 2000 y cuanta historia similar hubiera en cualquier parte del mundo.

- “Decime, Genaro –inquirió Braulio-... Vos que sabés todo sobre autos... La Lamborghini Gallardo Superleggera, tiene palanca al piso?”.

- “Me estás cargando, Brau... Es un auto de última generación!!.. Cualquier boludo sabe que viene con una meneta de cambios detrás del volante!”

Genaro regresó al bar, se dirigió adonde estaba el peruano, y le dio un beso en la frente... “Bien Demian, sos un fenómeno!”, le dijo... Le guiñó un ojo a sus compinches, y lo que siguió a aquella escena fue un silencio cómplice y compasivo de todos.

Al grupo ya no le quedaban dudas que sus sospechas habían sido acertadas: La Liga de “Hombres Extraordinarios de la que tanto hablaba Demian, estaba solamente en su cabeza.

¡Para qué cortarle la ilusión!.

Demian se despidió con su clásica sonrisa inocente. Y para sorpresa de todos, afuera lo estaba esperando una Lamborghini amarrilla....


1 comentario:

Kimi dijo...

Quiero mi remera ! familiares participan ??