24 julio, 2007

El Eternauta de Martelli - Primera Parte

"Todo empieza con la nevada, Walter... Con la nevada!"...

Walter Liberatti no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Lucio Valdemarín, quien durante mucho tiempo había sido guardia en la estación Padilla del Ferrocarril General Belgrano, estaba frente a él, contándole una historia que, por lo inverosímil, podía derivar -de acuerdo como se lo mire- en una comedia tragicómica, o en una historia de terror con ribetes paranormales.

El relato de Valdemarín, descabellado de por sí, ya llevaba cuatro horas. Y si bien el pobre anciano tenía fama de borracho empedernido, Walter le guardaba aprecio. Aún hoy, lo recordaba cuando Lucio le permitía "saltear" los controles de boletería en la estación Padilla en sus épocas mozas, cada vez que iba a visitar a Luisa -su gran amor de la juventud-, que vivía a pasos de la estación de Carapachay.
Mientras escuchaba al viejo, Walter trataba de ordenar sus pensamientos y por enésima vez intentaba hilvanar las frases confusas de Lucio, darle al relato un poco de coherencia.

“A ver Don Lucio…” -guiaba Walter- “… Empecemos de nuevo... ¿Usted me dice que Demian se le apareció de repente a los pies de su cama?...”

“Sí!” -dijo el viejo a los gritos- … Pero no parecía él... O al menos no era como yo lo tenía en la cabeza. Parecía más viejo, pero mas conservado, aunque mantenía esos ademanes medio afrancesados... ¿Te acordás cómo sonreía cuando sacaba el abono quincenal?” -apuntó el anciano como intentando generar cierto grado de complicidad con su interlocutor.

“Sí, qué se yo...” -contestaba Walter, como desentendiéndose de la relación-, pero bueno….

“Estaba vestido con un traje plateado y unas botas blancas... El pelo teñido de marrón caoba, con una trenza en la parte posterior”.

Solo de imaginar esa escena, hacía que Walter sintiera arcadas.

“Y empezó a hablarme... Al principio en una lengua que no entendía; pensé que era algún dialecto de la tierra de él…”“¿De Tumbes?”, interrumpió Walter- , “Sí!... Qué se yo..”, contestó el viejo, imitando la muletilla de Liberatti.

“El tema es que me dijo lo que ya le repetí mas de una vez, que venía del futuro...”

“¿Del futuro, Lucio... Seguro no esta escabiado, no?”

“Jamás!... Pero si no me cree me voy, me está ofendiendo!”, y se paró como para irse.

Walter reculó... “Espere don Lucio, aguánteme... No me va a negar que la historia al menos es increíble...”

“Sí, pero él me dijo que recurra a vos Walter, que vos ibas a saber qué hacer... Y yo hago lo que me dijo... Y te digo lo que dijo que te dijera”…

“Ok, Lucio, lo escucho…”. A Walter le corrió un hilo de sudor frío por la frente. Se acomodó en la silla y se preparó a escuchar.

“Me dijo que era Demian Ferrante Kramer, pero del futuro… Que podía viajar por el tiempo y que había vuelto a esta etapa, para que lo ayudaras a evitar un hecho en su vida que seria trascendental… Es más, era indispensable para él en el futuro que vos cambiaras el pasado, mejor dicho el presente nuestro que es el pasado de él… ¿Se entiende o me estoy volviendo loco?”

“Clarísimo, Lucio, continúe” -dijo Walter, mientras empezaba seriamente a pensar de que forma podría derivar al anciano a algún neurosiquiátrico de la zona. Si no lo hacía, y creía lo que estaba escuchando, el que terminaría en el neurosiquiátrico seria él.
“Cuando haya una nevada en Buenos Aires, será la señal de que todo empezó, me dijo el peruano” -confesó Don Lucio... “Ahí tendría que venir a verte. Al parecer hay un grupo de personas que también viene del futuro que se llaman los RANOS. Gente -según me dijo Demian- muy mala que viaja al pasado, hace trapisondas que cambian la historia para obtener algún beneficio... ¿Puede ser eso cierto Walter? ¿Puede la gente viajar por el tiempo?”.
Walter no contestó. Puso cara de póker, e inmediatamente recordó a Martín Rellenesi, con su historia de los locutorios de Villa Martelli que tenían cierto dote alquimista que permitía a la gente (y puntualmente a Ferrante Kramer) el viajar por el tiempo.

“Vaya uno a saber Lucio... Pero, bueno, siga no se detenga...”.
Walter estaba sorprendido y confundido con lo que había escuchado, y tenía miedo … Y eso que aún no había escuchado nada…

Continuará…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta ya la leí, qué pasa con la segunda parte??. Vamos Demian!!

Otto Bemberg
Quilmes - Bs.As.

Anónimo dijo...

Felicitaciones para las 20.000 almas inteligentes que quieren conocer la apasionante y perdedora vida de DFK.
La importancia que en el poster lo acompañe Walter Liberatti enaltece el mismo y le da una visiòn ganadora.
Walter Liberatti, acèrrimo bolchevique, enemigo encendido del stalinista K de origen banquero, es una figura trascendente en la vida de DFK y no tengo dudas que lo convertirà en una figura admirada en el contexto latinoamericano.
Mas aùn, estoy pensando en comunicarme con Walter para ofrecerle la posibilidad a DFK de ser actor en una de mis obras maestras ( desde ya haciendo de dama)
Mis saludos y felicitaciones

El genio

Mario Salieri

Demian Ferrante Kramer dijo...

Gracias al director de cine Mario Salieri por la invitación a trabajar con él en algunos de sus filmes harcore. Aunque debo desistir. Sigo vinculado a Steve McLogan, y me encuentro en juicio con él desde hace tiempo, por la manipulación digital que hizo de mi miembro viril en "Hot Dog Racimos" (en Argentina y Chile conocida como "Racimo de porongas").
De todas maneras mario, ni bien pueda sacármelo de encima y terminar con este dolor, no dudaré en llamarte para entregarte todo mi talento.

Demian