09 enero, 2008

El extraño caso de Abel Moreau - parte 1

El libro de H. G Wells, “La isla del Dr. Moreau”, es una de las obras más leídas del inigualable escritor inglés, y posiblemente una de las mejores junto con “La guerra de los mundos”, “El hombre invisible” y “La máquina del tiempo”.

Escrita en 1895, concitó la atención de un público ávido de historias nuevas, revolucionarias, sorprendentes, que alimentaran la imaginación popular ante la inminente llegada del siglo XX.

Según afirman biógrafos del Coloso Peruano, “La Isla del Dr. Moreau” fue el primer libro que llegó a manos de Demian, aquel día en que tomó contacto con los libros en la casa de su abuelo, cuando una biblioteca se le cayó encima.

Quizás haya sido ese antecedente el que terminó sellando su vida como escritor, es muy probable. Como también lo es que haya agitado su curiosidad, aquella tarde, en la que escuchó el nombre de Abel Moreau por primera vez ...

Tumbes, enero de 1952. Tan solo unos meses antes de la partida de Demian hacia Estados Unidos.

- “Felisa, has llevado a Fami al veterinario?... Mira que no la veo bonita como todos los días... Algo le pasa a la criatura”, escuchó Demian que su padre, Doroteo, le preguntaba a Felisa, su madre...

- “No, no pude, mi amor.... Además, creo que se ha mudado lejos, a Lima. Pero me han dicho que hay una persona nueva en la ciudad, médico o científico, muy respetado... El Dr. Moreau, sabías de él?", replicó Felisa...

La jarra de limonada que Demian llevaba en sus manos se precipitó al escuchar aquel nombre. El recuerdo de la obra de Wells, que tanto lo aterrorizara de niño, lo había shockeado...

- “Demian!!...Siempre el mismo pelotudo!!... Qué te pasa, blandengue?... Ya ni fuerzas tienes en esos brazos??... Blando de mierda!!”, recriminó su padre, quien se precipitaba a retirar los vidrio rotos que había dejado el destrozo del peruano.

- “Perdona, paaa!!... Se me escapó”, quiso justificarse el pequeño coloso, pero ya era tarde. Las miradas acusadoras de sus progenitores, y la perorata continua de Dionisio en su contra, no le daban espacio más que para una retirada humillante.

Demian, partido en llanto, se retiraba de la sala, entre los insultos de sus padres, y la sonrisa entre dientes de su hermano, que lo odiaba tanto...

La vida en la posada de los Ferrante Kramer era insostenible. Debía marcharse, lo sabía... No había lugar para él. Ese día comenzó a pensar en la partida definitiva.

No obstante, no podía sacarse de la cabeza lo que habían conversado sus padres antes del incidente de la jarra.

¿Iban a llevar a Fami, -su perra amada- para que la revisara un desconocido?... ¿Y para colmo se llamaba Moreau, igual que el loco personaje de H. G. Wells?

- “Yo me voy a encargar del tema”, sentenció Demian para sí, “Fami no va a ningún lugar si no es conmigo!”.

El Peruano Dorado estaba decidido a todo...

Continuará...

2 comentarios:

Georgie dijo...

Qué ternura inspira la foto!
Qué porte el de Fami!
Y la carita de Demian, con ese flequillito rubiongo, ya inspiraba al lapidario:
-Ma sí...yo se la pongo...

Saludos!

©Claudia Isabel dijo...

Que hermoso que era Demian de chiquito...que ternura!