08 diciembre, 2006

Regreso con gloria

INTRODUCCIÓN

Siempre fuimos conscientes de que le debíamos al “Maestro” una entrada realmente gloriosa en su Blog. Lo supimos desde un principio, cuando veíamos que por más que lucháramos a diario para defender la honra y el honor del Coloso de Tumbes, al hacer nuestro balance, nunca quedábamos satisfechos... Nos resultaba imposible hallar un hecho contundente sobre su magnanimidad, incontestable desde todo punto de vista. Había muchas dudas y posiciones encontradas.

Pero, el día finalmente llegó. Hace muy poco nos acercaron una perla, una gema única cedida por la Fundación DFK que nos habla de un momento clave de la vida del genial escritor, aquél que marcó su regreso a las letras con la presentación de un libro sin par.

Los siguientes diálogos, que se cree se ubicarían en los años ’80, dramatizan conversaciones grabadas en poder de esta Fundación, y/o testimonios de personas entrevistadas que presenciaron aquel momento cumbre de la cultura latinoamericana. Todo vuestro!!


DRAMATIZACIÓN

"¿Quién escribió esto, nene?", preguntó exaltado el Jefe de Redacción de una importante editorial argentina. “Estee... un tal Ferrante Kramer, señor... Vino hace unos días y lo dejó sin decir más que: Léanlo, todo está allí... TOODO!”, le respondió notoriamente atemorizado su asistente, al ver la expresión desencajada de su superior.

“Ferrante Kramer??... Demian Ferrante Kramer??... Estás seguro, pibe?.... Pero no se había muerto ese tipo!”.

Advertencia al lector: el anterior diálogo, que parece indicar un nuevo desastre para la literatura a manos de Ferrante Kramer, no es tal; por el contrario, esta vez la historia es muy diferente.... (Sigue)

“Esto es una obra de arte!!”, exclamó el responsable de la Editorial... “Hay que imprimirlo... Llamalo por teléfono y traémelo aquí de inmediato, entendiste!”. El empleado, un poco más tranquilo al ver que la cosa pintaba bien, le explicó que no había dejado teléfono, pero sí una dirección poco precisa, bajo la autopista 25 de mayo. “Andá a buscarlo donde sea, pero no me puedo perder esta genialidad de Kramer ni mamado!”, gritó eufórico.

Ferrante había entregado el único manuscrito de su nuevo libro, el que creía que lo devolvería al ruedo y le conferiría el respeto perdido a lo largo de años de vida disipada en el vicio y el alejamiento de toda virtud. Una especie de autobiografía en la que resumía su vida de una manera magistral, cual confesión de quien pide clemencia y una segunda oportunidad. Digamos, un libro “imposible” para cualquiera que conociera a Ferrante, quien había acostumbrado a su público a una serie “ininterrumpida de fiascos y vergüenzas durante los último 40 años”. Sin embargo, contrariamente a lo esperado de él, un “trabajo notable” que lo ubicaba a la altura de un García Márquez, de un Saramago o de un Vargas Llosa, por lejos.

Aquel libro, jugado de principio a fin, había deslumbrado a Renato Trunzo, uno de los empresarios editoriales más influyentes del país. Si él había sentenciado que “era bueno”, no cabía duda. Pero a Trunzo le faltaba lo principal para editarlo: el autor.

Trunzo, hombre influyente como pocos y un “Image Maker” (Hacedor de imagen) talentoso, personalmente encabezó la búsqueda del peruano junto con autoridades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Policía Federal y ONG’s varias. Quería controlarlo todo, que no se le diluyera la oportunidad de consagrarse como el “recuperador del mito Ferrante Kramer”. Luego de una semana de ardua labor, y cuando ya la desesperanza se había apoderado del grupo, Demian apareció ante sus ojos. Con una botella de vino barato en la mano, sucio, dentro de un Valiant 3 destruido, ubicado debajo de la autopista AU1 a la altura de la estación Villa Luro del ferrocarril Sarmiento.

Al ver a la prensa, la policía y al dueño de la Editorial, Ferrante se largó a llorar, no quería que lo vieran así, hecho una piltrafa humana. El hombre, más allá de sus excesos, aún borracho conservaba una pizca de su dignidad de antaño ... Fue entonces cuando sucedió aquella cosa mágica: nadie se animó a ofenderlo con una foto ... Los periodistas se mantuvieron cautos; apagaron cámaras y grabadores. Y las autoridades lo acompañaron gentilmente, palmeándole la espalda como a un amigo.

Al día siguiente lo bañaron, lo asearon y maquillaron. Un corte de pelo de Pino, y un traje de alpaca de Armani, coronaron un trabajo de restauración personal que terminaría, a la semana, en un conocido hotel céntrico de Retiro, lugar donde se llevaría a cabo la conferencia de prensa y presentación del nuevo libro.

“Uno, dos, tres.. probando!”, repitió el presentador de la velada, nada más y nada menos que Hugo Guerrero Martinheitz, compatriota y admirador de Demian.

Ferrante, emocionado, comenzó a presentar su nueva obra, “Trabas del pasado”, haciendo referencia a todos y cada uno de los trágicos episodios de su niñez y adolescencia que detuvieron su marcha hacia el éxito y la fama. Sus palabras conmovían a la audiencia, a punto tal que acompañaban con su emoción cada relato suyo.

Demian estaba por concluir su relato cuando, desde el fondo, un grupo de señoritas comenzó a vociferar cosas obscenas contra él, mostrando su desagrado por el contenido del libro: “Y... para cuándo la verdad, turro?”, se escuchó la voz de un hombre. La escena era rara... Era un grupo de damas, pero con voces particularmente graves.

No pasó mucho tiempo hasta que los presentes se dieron cuenta que se trataba de los “Trabas del pasado” de Demian, omitidos deliberadamente por el peruano en el libro, quienes estaban dispuestos a hacerle pagar caro ese “involuntario” olvido.

“Vas a quedarte callado, farsante?”, repreguntó una de las chicas; “Cuántas páginas del libro te comiste... tantas como a nosotras?”, regañó otra. Demian no aguantó más las ofensas. No soportaba ya más los agravios que crecían en intensidad y número. Saltó del escenario, y comenzó a avanzar hacia el grupo, decidido.

Pero en la medida que se acercaba, inconscientemente detenía su marcha... En la medida que iba reconociendo aquellas caras, su rostro se relajaba. Los recuerdos y el placer volvían a dominarlo... Como en aquellos tiempos. En síntesis, Demian volvía a ser esclavo de su naturaleza promiscua.

“Gloria!.. Sos vos?”, exclamaría Demian al ver a quien fuera su amiga y compañera de travesuras. “Sí, soy yo atorrante”, respondería sonriente aquella chica, como perdonándole lo hecho con solo verle la expresión de sus ojos... Aquella dama traviesa no era otra que la del Hospital Durand, la del “parto del pescado” (Ver entrada: “Dr. Kramer”).

En medio de abucheos y puteadas, y quizás en el marco dela que sería su última oportunidad de redención literaria, Ferrante Kramer dejaría plantada a la concurrencia, y decidiría volver a recordar aquellas trapisondas de sus mejores tiempos.

Sería, como reza el título de esta entrada, un verdadero “Regreso con Gloria”.

2 comentarios:

Alex-4 dijo...

www.recursos-blog.blogspot.com

Fundación DFK dijo...

Gracias Alex... tus recomedaciones nos serán de mucha utilidad.