09 noviembre, 2006

"El donante": otra historia solidaria de Ferrante Kramer

“Nadie es profeta en la tierra”, solía decir Ferrante, cada vez que se enfrentaba a una nueva adversidad. Y aunque era corregido por quienes lo escuchaban: “SU tierra, Ferrante... SU tierra!”, él sabía bien de lo que hablaba. Para Demian, cualquier lugar del planeta daba lo mismo, estaba meado por los perros en toda la faz de la Tierra.

Aún encontrándose en el país de las “oportunidades para todos”, los Estados Unidos, no encontraba sosiego a su desventura, se sentía un perdedor nato. No podía siquiera conciliar el sueño. Visitó por ello a un doctor de una salita de First Aids (Primeros Auxilios) cercana al estacionamiento de autos donde vivía quien le recomendó “contar ovejas”. Pero estaba absolutamente cercado por el infortunio: las ovejas morían en su sueño.

Intentó contar otra cosa y pensó en “contar fracasos”, tenía miles de ellos... Eran la solución perfecta. Pero en su sueño se convertían en “éxitos”, y la emoción de alcanzarlos le producía el efecto contrario: se despertaba y permanecía eufórico por horas.

Demian deseaba ser útil a toda costa. Hacer algo, pero “bien”, no a medias como siempre. “Tener un hijo!”, se dijo..... pero era tan “loser” que cuando imaginó la escena se le apareció el mismo médico que le había recomendado contar ovejas preguntándole: “Qué quiere que sea Ferrante, nena o varón?” y él, sólo atinaba a contestar: “Quiero que sea mío”.

“¡Soy un desastre!”, se repetía hasta el cansancio,”¡Soy cornudo hasta en sueños!”.

Pensó hasta en suicidarse, pero lo desalentó la imagen de un infierno en el que moría de frío para volver a resucitar en la Tierra como escritor peruano.

“No hay caso, no sirvo ni para ver si llueve”. No terminó de decir eso y una tormenta de tan solo una nube se ensañó con él, empapándolo de pies a cabeza. Fue cuando elevando su vista al cielo, gritó: “¡Tenés algo más para mí... la remil put...!”... Y había algo más... Un terrible rayo cayó a apenas metros de él, dejándolo inconsciente y casi al borde de la muerte.

“¿Grupo sanguíneo?... sabés el grupo de este tipo?”... “Qué le pasó que está todo chamuscado?”. Estaban hablando de él, pensó. Y en la medida que se iba recomponiendo de su trágico percance, tomaba cuenta que estaba recostado sobre una camilla. Que se encontraba yendo a toda marcha por un interminable pasillo. “Lo mío es grave”, reflexionó, “De esta no zafo... Mi final es posible”, se dijo para sí sonriendo.

Las voces se multiplicaban en la medida que avanzaban. “Tiene seguro médico?”... “No, qué va a tener, si parece un croto!!”. Todos hablaban de él, y él escuchaba en silencio. Consultado por una enfermera sobre si entendía lo que le decían, Demian asintió con la cabeza. Su respuesta disparó otra, que le formuló una mujer elegantemente vestida, que parecía una dama de caridad: “Está dispuesto a donar sus órganos, caballero?”.

Era tanto el deseo de Ferrante por abandonar este mundo que arrebató la lapicera que la mujer tenía en su mano, y gritó: “Deme la hoja!!... Dónde firmo??... Sáquenme los órganos ya!!”. Quienes estaban presentes se sobrecogieron con la escena... Cómo podía ser que existiera un hombre tan solidario, se preguntaban.... O tan pelotudo, las opiniones estaban divididas.

Sin embargo, la escena llamaría la atención de un funcionario de Gobierno, Steve Mazza, Secretario de Estado del Departamento de Sanidad de San Francisco, quien vio en Ferrante una oportunidad de promover la ablación de órganos, justamente uno de los principales objetivos de su cartera. “Este tipo es un fanático altruista, quiere hacer el bien aún a costa de su vida”, especuló Mazza. Y así fue que se interesó y le propuso a Demian ser el protagonista de una campaña “Pro Donación” de órganos, con Demian a la cabeza.

A poco menos de un mes de aquel incidente trágico, la ciudad de San Francisco se encontraba empapelada con afiches que llevaban el rostro de Demian y leyendas como: “A nice guy” (Un lindo tipo), otros que rezaban “Take my entrails” (Toma mis entrañas”), “Take him, he is a gift” (Tómalo, es un regalo), todas frases que prendieron hondo en la gente y que provocaron una avalancha de donaciones.

Por primera vez, la presencia de Demian en un evento estaba dando resultados positivos. Por primera vez, dos palabras esquivas, “éxito y fama”, resonaban en los oídos del peruano, cuan música celestial. Esta vez el Coloso miró al cielo y dijo: “Gracias!”.

Pero no faltaría quienes en esa enorme orbe hubieran de empañar aquella hermosa gesta solidaria. Allí también se harían presentes los “inadaptados de siempre”, dispuestos a sembrar el mal y la discordia. Y en aquella ocasión, los convidados serían los “graffiteros”, muchachotes imberbes con delirios revolucionarios, que harían suya la campaña para convertirla en un mamarracho.

Fue así que los afiches de Demian fueron violados y abochornados con leyendas impropias, tergiversando el sano espíritu de la convocatoria. Frases que un sector de la población de San Francisco interpretaría erróneamente... Frases que convertirían a Ferrante Kramer en objeto de una nueva provocación a las minorías ...Frases que lo llevarían a protagonizar otro grave incidente en su atribulada existencia.

Ferrante Kramer fue secuestrado por un grupo comando el 4 de abril de 1986, en las afueras de la ciudad. “Yo vi cuando cuatro tipos se lo llevaron en un Volkswagen... Era un escarabajo color rosa, de esos que se ven tanto por aquí”, diría Rosario Withman, la portera de una asociación juvenil local.

Y no se sabría de él sino hasta su reaparición como músico en una iglesia de Reno, Nevada, más de un año después. Allí nadie lo conocía. Demian estaba cambiado, muy tenso y callado, irascible. Muy celoso de su nuevo trabajo, de aquella época se conoce una anécdota que lo muestra como un hombre extraño.

Cuando los chicos del lugar le preguntaban si podían jugar con su instrumento, solía gritarles exageradamente: “A mí nadie me toca el órgano .... Saquen las manos de ahí!!”, en tanto se acurrucaba sobre sí mismo en un rincón, temblando, y con la vista extraviada, como protegiéndose de una agresión que sólo existía en su imaginación.

Los chicos escapaban asustados, no entendían qué le pasaba a ese señor. Y seguían jugando tranquilos a los “autitos”, con sus simpáticos escarabajos rosados.

2 comentarios:

fernando abejugaray dijo...

hermosa historia que me toc vivir de cerca..por fin alguien pudo relatar efectivamente lo que sucedio aquel dia.
gracias a la fundacion por tanto esfuerzo al pedo !
saludos efimeros.
Fer

La Fundación DFK dijo...

Querido Ferni:

No es al pedo el esfuerzo, lo hacemos por vos. Si estuvista con Demian abordo del escarabajo, seguramente aún tengas el sabor de aquel encuentro en tus labios.

Suerte thumbsucker!!