28 diciembre, 2007

Todo por un amigo - Parte 2

El peruano había aceptado, pero algo seguía no cerrándole en todo ese asunto… “No te metas en ésta, Demian”, sentía que una voz le decía. Y no obstante quererse convencer de que se trataba de su imaginación -primer error, porque no tenía-, y de los tentadores $ 100 que sacaría por participar del saqueo a la casa del “gringo”, había un bocado que no podía tragar... Fue cuando recordó la frase de Ferradás: “El gringo es un artista importante…”.

Y cayó en la cuenta...

Demian era escritor, y por ende un artista. Y reza el dicho que “Entre bomberos no se pisan la manguera”. No fuera que él se convirtiera en el primer bombero cagador de la historia.

¿Cómo podía él, Ferrante Kramer, participar del robo de la casa de un compañero de armas?... No podía!...

Pero ya había dado el sí... Y retractarse a esa altura, significaba una paliza ni siquiera comparable con las fisuras anales que había sufrido a lo largo de su carrera. Decidió callar y seguirle la corriente al grupo.

- “Vos, peruano, vas a ser el encargado de llevarte el material pesado… TV, radiograbadores, DVD, computadoras, todo ese asunto… Mucha plata, y vendible en cualquier lugar”, ordenó el cerebro del operativo.

Demian asentía con la cabeza cada directiva de Ferradás. Estaba jugado, y no le quedaba otra. Pero, en la medida que lo escuchaba desgranando uno a uno los pasos del plan, sentía cada vez más fuerte la voz que le decía: “Largate, Demian… Vas a joderle la vida a un artista, a un colega, sos un sorete!”.

Aquella noche, el Peruano Dorado, descendió al infierno nuevamente. Aquella noche se degradaría como tantas otras veces. Tocaría fondo una vez más… Por hambre, por necesidad… “Por un trozo de carne” -pensaba- pero que no de los que “entraban y salían”, como le ocurría la mayoría de las veces en las que algún samaritano se ofrecía para llenarle la boca.

Su tarea fue sencilla. Salió cargado como una mula; su botín había sido uno de los mejores: una filmadora digital -de las profesionales-, un televisor de 29 pulgadas, 2 reproductores de DVD, varios teléfonos celulares de última generación, y una computadora completa, con monitor de LCD de 17 pulgadas, marca Hewlet Packard, lo mejor del saqueo.

Al entrar en la camioneta VAN que sirvió de transporte de la mercadería robada, Demian se sintió “una mierda”. Había contribuido a despojar a un “artista como él”, a privarlo de su obra.

Si el diablo existe, pensaba, “…A mí me va hacer entrar por la puerta más angosta, para que me queme de entrada nomás”… “Soy peor que el diablo”, gritó dentro de la furgoneta, y todos sus compinches lo miraron y sonrieron. No entendían que en su interior se estaba gestando un mártir, un hombre arrepentido dispuesto a cambiarle el rumbo a aquella historia, aunque no supiera aún cómo hacerlo…

Continuará…

1 comentario:

Laura Osicrán dijo...

Me imagino un final abierto, me equivoco??

Laura