Enterado
Don Horacio que Demian había sido elegido por la prestigiosa Editorial Planeta para entrevistar al genial
Saramago, y alentando alguna esperanza de cobrarle los 6 meses de alquiler que le debía el peruano una vez que recibiera la paga por su trabajo, sacrificó unos pesos y
le compró ropa interior, medias, una camisa, corbata, zapatos y un ambo color habano. No fuera que el escritor portugués lo rechazara por su apariencia desdeñada.
Demian aceptó de buen grado la atención del viejo Don Horacio, y hasta accedió a que lo viera asearse bajo la ducha y cambiarse ...
“No pienses mal, Demi... Quiero que vayas de reputa madre a la entrevista”, exclamaba el dueño de la pensión, mientras le acomodaba la camisa y le ajustaba la corbata, no sin manosearle la entrepierna un tanto descaradamente.
El peruano no era tonto, y sabía que el viejo era medio raro, pero
“Qué le hacía una mancha más al tigre”, se decía para sí; había regalado tantas veces antes el
“partido” (1), y sin nada a cambio que, ahora, bien valía la pena entregarse un poco ante tanta generosidad. La cuestión era que tenía una pinta tremenda. Con 60 y pico de años a cuestas, Demian mostraba una figura exultante... Saramago quedaría impresionado al verlo.
Ya al entrar al hotel causó una conmoción tremenda. Si bien la ropa que vestía no era costosa, su alineada estampa le imprimía valor a cualquier trapo (2).
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“Quiero ver a Saramago”, le espetó de manera soberbia al conserje.
Una legión de botones y sirvientes le abrieron paso de inmediato y lo acompañaron a la habitación del escritor. Entretanto, el Gerente del hotel le avisaba a Saramago que
“Ferrante Kramer había llegado y que se encontraba en camino”.

La puerta estaba entreabierta. Dentro, un hombre mayor, con un diario en la mano, le daba la bienvenida. Demian no acusó impacto de su presencia, y se mantuvo expectante, sin emitir palabra y mirando hacia todos lados....
Los minutos pasaban, y el Peruano Dorado se mantenía en silencio. El que rompió el hielo fue el portugués...
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“Pues, bueno, comencemos Demian...”, sugirió amablemente.
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“Correcto”, exclamó seguro el peruano,
“... Pero dónde está ella”, inquirió, sonrisa mediante...
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“Chiste bueno, el suyo, pero remanido hombre!... No me vengas con dónde esta Sara, porque me lo han hecho varias veces, y ya no me causa gracia...”
Demian recién se percataba que su interlocutor era ese hombre que tenía delante. Por eso no había encontrado ninguna referencia en el diccionario enciclopédico que había consultado cuando buscada por
“Mago”. La cosa se le complicaba, no era mujer. No bastarían sonrisas y gestos seductores para manejar la situación... Fue en ese momento que se dio cuenta que había tomado una responsabilidad que lo excedía, y que además estaba
“en pelotas”, no sabía una jota de Saramago... Y comenzó a sentir miedo.
Desesperado y nervioso como estaba, hablaba del calor, la humedad, del recorrido del 67 que lo dejaba en Martelli, y de pavadas por el estilo a las que Saramago asentía en silencio, apenas moviendo condescendientemente la cabeza en son afirmativo.
Hasta que entre esa catarata de estupideces, Demian creyó vislumbrar una primera pregunta que iniciara la entrevista...
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“Dígame Saramago” -siquiera sabía su nombre-
“... Usted escribe sus borradores con lápiz o birome”...
La pregunta decepcionó al portugués sobremanera... Nunca le habían preguntado semejante pelotudez, pero alguna razón tendría aquel hombre de barba candado para hacérsela, así que contestó cortésmente:
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“Escribo con la PC”
Demian tomó nota y puso
“Escribe con lapicé”, llamándole la atención que semejante eminencia literaria se comiera las eses.
Y ése sería solamente el comienzo. El bochornoso espectáculo del peruano recién comenzaba....
(1). Partido que lo tenía, no cabían dudas.
(2). Nota de interés para el lector: nos parece importante aclarar este punto para que pueda apreciarse la verdadera magnitud de la personalidad del Peruano Dorado. Cuando Demian estaba con todas las pilas puestas, no había con que darle. De ahí que le dieran siempre, porque nunca tenía las pilas puestas.
Continuará....