Demian ingresaba a esos estados alterados de conciencia cada vez más a menudo. Don Horacio, el dueño de la pensión ya estaba como acostumbrado a que se le apareciera de golpe, a la salida de una de sus tantas quimeras, todo transpirado y excitado por lo que le acababa de ocurrir con El Hombre Elástico, la Mujer Yeta o el fantoche de turno de esa supuesta Liga que lo apoyaba.Ya en el barrio conocían de sus delirios... Las madres lo señalaban mientras le indicaban a sus hijos que no se le acercaran. Del otrora Coloso, aquel hombre de letras que coqueteara con el éxito y la fama, solo quedaban cenizas...
La gente mayor le seguía la corriente y los más jóvenes lo tomaban para la chacota. Como la vez que entró al bar de Av. Mitre y Laprida, en Martelli, por un poco más de alcohol para seguir viviendo su sueño. La historia de hoy nos fue contada por uno de los tantos que estuvieron con él aquella tarde...
“¡Sí, búrlense, ignorantes!... Ustedes no saben quién soy yo!!", se oyó gritar amenazante a Demian cuando observó las miradas capciosas de los parroquianos reunidos en aquel burdel. Era habitual que todos se codearan o que comenzaran los corrillos cuando hacía su aparición.En Martelli se comentaba que había sido un “gigante de las letras”, o que “escribía con letra gigante”, a decir de sus sarcásticos detractores... Que estaba en la lona, que ninguna editorial lo quería, que no servía ni para escribir palotes...
- “Sí que sabemos quién sos, peruquín!" -gritó un grupo de muchachotes que gustaba de hacerle bromas al peruano-...."Sos el Gran Ferrante Kramer, escritor latinoamericano y bla, bla , bla.... Al que ahora lo apoya La Liga de Hombres extraordinarios", retrucaron entre risas...
- "Váyanse al demonio imbéciles!" -los enfrentó Ferrante, tan furibundo como impotente-
La escena lo decía todo... Aquel hombre, loco o no, que lo había entregado todo en la vida, hasta su dignidad, no estaba dispuesto a soportar que un grupo de niños malcriados se burlara de él. Eso era demasiado...
- “Sí que sabemos quién sos, peruquín!" -gritó un grupo de muchachotes que gustaba de hacerle bromas al peruano-...."Sos el Gran Ferrante Kramer, escritor latinoamericano y bla, bla , bla.... Al que ahora lo apoya La Liga de Hombres extraordinarios", retrucaron entre risas...
- "Váyanse al demonio imbéciles!" -los enfrentó Ferrante, tan furibundo como impotente-
La escena lo decía todo... Aquel hombre, loco o no, que lo había entregado todo en la vida, hasta su dignidad, no estaba dispuesto a soportar que un grupo de niños malcriados se burlara de él. Eso era demasiado...
Sin embargo, el cambio de parecer llegaría de la mano de una copa para Ferrante...
Dante, el dueño del Bar le ofrecería un trago y todo cambiaría para él ... Nada, siquiera su honra, valían tanto como para despreciar un buen vaso de vino tinto... Así que decidió quedarse.- "Dale Demian, contate algo... Estuviste con el Hombre Elástico o con el Dr. Rellenesi, ese loco que viaja en el tiempo?", jugaron a preguntarle para tirarle de la lengua..
- “¿Y cómo sabés vos que estuve con quién, anoche??.. Sí, nene, estuve con uno de los que vos dijiste... Con el Hombre Elástico, qué tal!!?", se le escucho decir mientras saboreaba el semillón apestoso que le habían servido.A partir de allí, Demian se soltó. Y contó una historia con tal lujo de detalles que parecía real.
Ferrante relató que el Hombre Elástico lo había invitado a salir de joda...”Olvidate de las penas un poco, peruano, y vayámonos a divertirnos!”. El superhéroe lo convenció de que “No todo tiene que ser sufrimiento, que ya habría tiempo para reivindicar su figura”, pero que como reza el dicho “Mente sana in corpore sano”, debía estar “aliviado y distensionado” para tener la “cabeza despejada” y asombrar al mundo con una nueva obra monumental.
Y nada mejor para ello -recomendaba el Hombre Elástico- que “Liberar las tensiones!!...”, narraba el peruano ante una audiencia que gustaba de sus “fantasías”; muchos de ellos en el fondo le creían, pero no querían admitirlo.Así, Ferrante contó que entraron en una especie de “Sauna”, donde había muchas chicas y algo más. A esa altura –agregaba el Coloso-, “No entendía mucho lo que pasaba... Tenía varias copas puestas...”.
Continuará...














