08 agosto, 2009

Ibis Sport Club - Demian y el fútbol - Parte 1/2

Mucho nos han preguntado a lo largo de todo este tiempo, y más teniendo en cuenta lo polifacético de la personalidad de Demian, acerca de la relación del Atila de Tumbes con el deporte. Esto, teniendo en cuenta que hemos difundido historias de Ferrante relacionadas con la literatura, la gastronomía, los espectáculos, las artes, testimoniales, pero muy pocas veces hubo historias relacionadas con el deporte.

Casimiro Arenas, el mas reconocido biógrafo del peruano –y últimamente vaya uno a saber porque, bastante reacio a compartir su obra con nosotros- no tenia registros de detalles de esta índole.

Walter Liberatti, tal vez el seguidor mas acérrimo de Demian, tampoco. Por lo cual, desistimos durante mucho tiempo de avanzar sobre investigaciones que logren asociar al Coloso con actividades deportivas.

Hoy, queridos amigos, revisando algunos apuntes y material disponible en la biblioteca central de la Fundación DFK, encontramos un hallazgo que queremos compartir con ustedes. Existió un momento en el cual Demian Ferrante Kramer se volcó al deporte.

Una serie de manuscritos (que estimamos fueron bosquejados por el Peruano Dorado en persona) datados a mediados de los años 60, nos dan detalles de esta historia escalofriante. Basta de preámbulos. Va la trascripción de los escritos del peruano, en crudo. Disfruten de la historia.


(SIC). La tarde caía… en noviembre, el sol pega hasta tarde en el noreste del Brasil. me encontraba cansado. Había trabajado todo el día en la compañía de seda y algodón de Pernambuco. Me temblaban las manos del cansancio y poco podía hablar con mis compañeros ya que por no ser brasilero, era blanco de una infinidad de cargadas. Al pasar frente a mi, los muchachotes me gritaban algo así como: “Demian… meu banana no ten carozo voce quere meu filamento grosso?” no tengo claro que decía pero evidentemente, les resultaba grotesco porque todos reían salvajemente. Si hubo algo que me caracterizó siempre fue mi educación, por lo cual evité sistemáticamente responderles alguna que otra grosería que siempre tuve en mente.

Esa tarde al marcar mi tarjeta de horario, encontré un grupo de empleados reunidos frente al portón principal de la planta. Me acerqué y pude entender que estaban armando alguna especie de grupo para algo.
- “No podremos, quién lo dirigirá”? pregunto Vinicius, un joven fortachón que trabajaba en embalaje.
- “Dirigirlos…”, pensé, “… Quién más que yo? Sería tal vez un ascenso? Una coordinación de trabajos?”. Eran todos simios. Si había alguno que podía guiarlos era yo.

- “Yo puedo hacerlo”, dije en todo solemne. Todos me miraron sorprendidos. “Demian, tú sabes algo de fútbol? Puedes dirigir un equipo de fútbol?”

La verdad, yo no tenía la más mínima idea pero tuve dos pensamientos concatenados: no podía echarme atrás porque si no mi imagen si se iba a desbarrancar definitivamente, si me hacía cargo ya no me cargarían. Por otro lado, ¿Qué tendría de especial un deporte arcaico de muchachotes corriendo detrás de un balón?.

Además, tengo imágenes de Dionisio –mi hermano- en nuestra juventud, pateando la pelota contra la pared de nuestra finca en Tumbes, pegando fotos en su cuarto de León José Díaz o Alejandro Villanueva, astros del fútbol peruano en nuestra infancia.
Todos se sorprendieron ante mi respuesta. Hemos creado un club, de empleados de la empresa. Lo hemos llamado “Ibis Sport Club” “como la mitología egipcia del animal” este comentario me sobresaltó. Era superador. Jamás pensé que ninguno de estos negros de acotado coeficiente lo pudiesen generar. Evidentemente algo de materia gris hay…pensé.

Dos semanas después, estábamos trabajando en la conformación del plantel. Joao Benvantes, mi jefe en el sector de encastre me había dado la licencia necesaria para armar el equipo. 45 trabajadores de distintos sectores de la fabrica se habían presentado, si bien no tenía claro qué hacer, lo primero que hice fue hacerlos trotar. Cansados seguramente no tendrían ganas de exigirme algo. Al cabo de dos horas y cuarenta minutos de corridas ininterrumpidas, algunos muchachos empezaron a vomitar, evidentemente no estaban en estado.

A todos ellos, de un plumazo los deje fuera de la preselección. Jaiziño Ribossa, encargado de estacionamiento que había sido nombrado mi ayudante de campo, coincidió conmigo sin tener muy claro si mi decisión era 100% acertada. Arrancamos con la práctica específicamente de fútbol con los 23 jugadores que quedaban. El entrenamiento se realizaba en un parque adyacente a la planta de algodón. Si bien en un principio el predio no tenia arcos, tuve el compromiso del dueño de la empresa de montar un par de arcos profesionales en ese sitio durante en la semana siguiente.

Si bien el hombre cumplió, y los arcos estuvieron instalados tal como lo pedí, el gasto fue en vano, ya que en los 41 entrenamientos que hicimos ninguno de los dos 23 participantes de las practicas pudo convertir un gol.

No me preocupó. “Son rachas” les repetía a mis players para motivarlos (frase que escuche decir a Dionisio cuando el también practicaba fútbol y no lograba convertir tantos). Pensé en planificar algún tipo de jugadas. Pase varias semanas desarrollando estrategias e intenté también contactar a mi hermano mayos Dionisio para que me diera algunas ideas. Lamentablemente es un hombre ocupado, deje 14 mensajes a su secretaria pero el no pudo responder mis llamados por encontrarse en reunión. "Pobre Dioni…como trabaja!".

Continuará…

9 comentarios:

H dijo...

paso y sigo leyendo amigo!
Salutes desde SCI TERROR
H

Roberto Esmoris Lara dijo...

Lo principal es la paciencia. Hay jugadores que no la embocan en el arco porque necesitan "explotar". De hecho, en el fútbol profesional, hubo casos de jugadores que, postergados por bajo rendimiento en el banco de suplentes, explotaron sorpresivamente en la banca de suplentes causando daños irreparables (heridas graves en los que lo rodeaban, derrumbes de tribunas, etc.)
Yo llegué a leer un libro de Dionisio quer me abrió la mente con respecto al deporte más poplar. El libro, "Rompiendo las pelotas" revela un rincón oscuro del fútbol (en los vestuarios) donde más de uno pudo embocarla con esa pasión suprema que que desata el balón pie.
Que estos 23 muchachos no pierdan la fe y que el peruano olvide pronto esa incomprensible discriminación de los macacos que tanto lo angustia.
Seguiré atentamente esta saga que me enyena de alegría y me ayuda a seguir adelante, porque generalmente el "atrás" ya está lamentablemente roto.
Abrazo de gol
REL

El Peruano Dorado dijo...

Espléndido comentario!... Digno de un REL recargado!. Alexb, autor de esta entrada, te contestará en breve. Un abrazo.

Patricio

©Claudia Isabel dijo...

odio el futbol Patricio, espero no desilusionarte con esta confesión...trato de interesarme, pero no hay manera, me gusta el boxeo!

Quisiera saber como hace el peruano para mantenerse tan bien con sus setenta y pico de años, lo envidio!

Besitos

©Claudia Isabel dijo...

odio el futbol Patricio, espero no desilusionarte con esta confesión...trato de interesarme, pero no hay manera, me gusta el boxeo!

Quisiera saber como hace el peruano para mantenerse tan bien con sus setenta y pico de años, lo envidio!

Besitos

Roberto Esmoris Lara dijo...

Si a Claudia le gusta el boxeo pero odia el fútbol le recomiendo que siga los encuentros de la Copa Libertadores o los "amistosos" de San Lorenzo...hay cada ñapi, vea!
:)

REL

Alex B. dijo...

Amigo REL su comentario me hiela la sangre...si el de atras esta roto vaya siempre adelante y valide en google la historia de ibis fc
otro abrazo de gol

Poetiza dijo...

No me gusta el futbol, aun asi sigo leyendo. Besos, cuidate.

DaViD dijo...

http://novaletuopinion.blogspot.com/