11 marzo, 2008

Una imagen dice más que mil palabras

AlexB: No puedo arrancar con esta nota... Estoy destrozado. Por favor, ayudame. Me llegó esta imagen a mi celular, y no lo puedo creer. Es él, y su semblante lo dice todo.

Patricio

A los seguidores del Peruano Dorado:

Queremos advertirles que la noticia aún no ha sido confirmada. Solamente contamos con una placa roja de Crónica, aparecida fugazmente esta noche; fue sacada del aire, al tiempo que otra imagen -en la que se mostraba a Ferrante Kramer sobre el que sería su lecho mortuorio- era exhibida con el "Adagio para cuerdas" de Samuel Barber, como música de fondo.

No es la primera vez que hechos no confirmados relacionados con la vida del Titán del Altiplano terminan en un verdadero escándalo.

Para alentar alguna esperanza, les recomendamos leer la entrada "La muerte, último recurso".

Unamos nuestras manos, y breguemos porque sea tan solo un rumor.

AlexB, ruego te contactes con las "fuentes" a las que recurrimos en momentos así, y me ayudes con tu pluma a superar este mal trance.

Patricio D'Orrys

LA VIDA POR FERRANTE!!
Continuará...

07 marzo, 2008

Una historia con plumas - De Atlantic City a Martelli - Última Parte

La noche empezaba a pegar. En esa época hacia frío.

Apuró el paso y enfiló hacia la escalinata del hotel. Cuando se aprestaba a subir al primer escalón, un grandulón con anteojos de sol (aunque era de noche) y handy lo increpó:
- "Buenas noches señor, tiene usted invitación?"… Demian lo miró sobrándolo y empezó a ensayar una respuesta…
- "No señor. No la necesito. ¿Usted no me conoce?... Soy Demian Ferr….", no pudo seguir…. Inmediatamente dos fortachones lo tomaron por detrás, lo revolearon en el aire y se lo llevaron al callejón trasero. Le propinaron una fuerte golpiza mientras Demian balbuceaba: "No me peguen soy Ferrante…"; tal vez, el peruano equivoco el idioma, porque los hombres le dieron para que tenga como si no entendieran su súplica.
Demian quedó inconsciente durante dos días, arrumbado entre las bolsas de basura. Una mañana volvió en sí, mientras era chupeteado por un gato que habitaba el callejón.

- "Juira carajo!", dijo Demian con un acento pampeano. El gato poco se inmutó. Demian, pensó, "Por lo menos pasé la noche."
Cuando fue a incorporarse, cayó sobre si mismo sin posibilidad de hacer equilibrio. Con el ruido provocado, un par de empleados de la cocina del hotel salieron al callejón y sorprendidos por el estado del Atila de Tumbes, lo recogieron y lo llevaron al office de empleados en el subsuelo del albergue.
Le dieron algo de comer, le permitieron bañarse y curarse las heridas, y hasta le prestaron una bata de cocinero. Demian al instante se dio cuenta que ese era su boleto de entrada al hotel. Cuando sus benefactores se descuidaron, Demian desapareció de la cocina y se mezclo entre el resto de los trabajadores, con bata de cocinero y sin ropa interior.

Deambuló toda la mañana entre los pasillos y de pronto una voz seca lo sorprendió…

- “Hey, vos!.. Flaquito!!... A ver si le traés a Millie unos panecillos con mantequilla?”… Cuando Demian se dio vuelta encontró a una morocha despampanante con ojos color del cielo.

- “Hola… Puede ser con una coca light?”… La muchacha, corista principal del teatro de revistas del hotel, dejó entreabierta la puerta de su camerino y miraba a Demian con cariño. El peruano se desmoronó. No había sentido esa sensación de placer desde el día que conoció a Hilda Las Condes, su amor platónico de juventud.

- “Como no”, dijo Demian, balbuceando…”¿Con hielo?”... La joven sonrió. Demian salió corriendo, y de alguna forma, sin que a nosotros nos quede claro, volvió a los dos minutos con panes, manteca y una coca light.

- "Tomá muñeca, que lo disfrutes”, le dijo el peruano con la voz mas caballerosa que le haya salido en años. La chica ni se inmutó, y Demian se retiró del camerino con pose de galán. Cuando estaba volteando, un grandonte lo cruzó.

- "¿Muñeca?... Le dijiste a mi novia muñeca?”… A Demian le pareció sentir de antemano un puño en su cara. “No!…”, intentó esbozar una respuesta que no lo dejara expuesto… “Estoy practicando un bolo en una propaganda de barbie…ja!”…

- “Soy Maurice. El novio de Millie, y sabes qué?... Soy re celoso!”.

Lo último que vio Demian fue a la joven Millie, con plumas, vestida como para salir a escena, dándole a la coca light. Luego de eso, sin saber como, Demian volvió a desvanecerse por segunda vez en tres días.

Al despertar, estaba con los brazos enyesados y la cara inflamada en una sala de guardia del hospital Connors de Atlantic City.

Esa joven lo había marcado. Le había hecho descubrir una nueva rama del arte que hasta ahora no conocía. Las plumas, el disfraz, la música.
- “Esa piba…” -dijo Demian, demostrando un enorme desconocimiento en lo referente a la comedia musical- “… Esa piba labura en una comparsa.”… Y extenuado se durmió mientras balbuceaba "..Zucundúm, zucundum…"

Este evento que contado así parecería no tener gran trascendencia, sería años después trascendental en una historia que se llevaría a cabo en Villa Martelli.

Pronto tendrán novedades…

05 marzo, 2008

Una historia con plumas... De Atlantic City a Martelli - Parte 1

Aquellos seguidores de este blog de la primera hora, recordarán la época en la que Demian Ferrante Kramer transitó suelo norteamericano. Y recordarán, también, la triste historia del Buick, y su encuentro fortuito con Jim Morrison .

En esta oportunidad, rescatamos un episodio que tiene origen en esos tiempos, que internamente denominamos "Classic age", porque sin dudas es el período en el cual se registra la mayor cantidad de historias y anécdotas protagonizadas directamente por el Atila peruano.

A principios de los años 60, con la reciente caída de Batista en Cuba, el negocio del entretenimiento que hasta entonces se desarrollaba en gran escala en la isla, se trasladó al continente, principalmente a Miami, Las Vegas y Atlantic City, en los Estados Unidos.

Casualmente, por esos lares vagaba Demian en aquel entonces...

Una mañana abrió los ojos, y sin saber cómo, se encontró en una gasolinera de la Ruta 322, llamada "Albany Boulevard", en las afueras de Atlantic City. No recordaba nada. Tenía la mente en blanco. En este punto, surgen un sinfín de voces que se levantan en contra del mito del Peruano Dorado, diciendo que la sobre ingesta de alcohol y estupefacientes hacían que Demian a gatas pudiese reconocerse a si mismo...

Nosotros, que defendemos a rajatabla la historia y la imagen del Peruano Dorado, preferimos creer que esas "lagunas mentales" tal vez estuvieron originadas en cierto poder alquímico que se dice tenía Demian, que le permitía moverse de un lado al otro en cuestión de segundos.

El hecho es que allí estaba. Con U$S 4,55 en el bolsillo y con un hambre que le permitiría comerse un mamut prehistórico, sin importar el estado de putrefacción en el que el mismo se encontrara.

Salió de la gasolinera y se acercó a la ruta. Un Kaiser Carabela verde metalizado se acercaba a velocidad media. Demian atinó hacer dedo. Sorprendentemente, el auto se detuvo frente a él.

- “Hola..”, dijo la joven al volante.... “Voy a la ciudad, solo puedo llevarte hasta la intersección de Alvany Bvd y Ventnor Avenue. Te sirve?”

Demian, que no podía dejar de mirarle los pechos a la joven, le dijo con voz de galán.

- “Yes, voy exactamente hasta allí”.

Esta claro que el peruano no tenía ni idea dónde iba a dejarlo ese viaje...

La joven habló poco. Demian intentaba hacerse el superado, aunque en realidad estaba perdido. Pero igualmente intentó hilvanar algún dialogo....

- “Que haces de tu vida?”, le preguntó la joven que dijo llamarse Úrsula Wynn.

- “Soy escritor”, dijo Demian. La joven dio un grito de alegría indescriptible. Con el correr de los minutos, Ferrante cautivó con su discurso seductor a la jovencita que parecía ser de buena familia. Tres o cuatro veces a lo largo del viaje la muchacha le marco enfáticamente que estaba dispuesta a entregarse plenamente de cuerpo y alma con tal de continuar escuchando las historias que Demian le estaba contando.

Ferrante sistemáticamente evitó encarar la charla para ese lado. Difícilmente podamos determinar si fue por respeto a la joven o por sus extraños gustos sexuales. Cuando la joven finalmente decidió tomar la iniciativa y desprendió un botón de su camisa de seda blanca mientras se hacia la distraída, Demian no pudo más y reaccionó como era de esperar....

- "Ventnor Avenue!!!! Aquí me bajo!”, gritó, y literalmente se tiró del auto. La joven, casi con lágrimas en los ojos frenó el automóvil y lo miro apesadumbrada.

- “Ok. Bajate”...

- “Gracias Úrsula”, dijo Demian mientras lo hacia. La joven arrancó el auto con furia y vio por el espejo retrovisor mientras maldecía, al peruano saludándola con la mano, sobre la acera, junto a la parada del autobús.

Demian nunca supo que esa joven a la que había desairado era la hija de Steve Wynn, el dueño de la cadena de casinos y Resorts Wynn, uno de los más importantes complejos de resorts de la zona. Probablemente este dato hubiese sido insignificante para Demian, pero sí esta claro que tal vez, de dar rienda suelta a los deseos de la joven heredera, los destinos del Peruano Dorado podrían haberse truncado en pos de un futuro mejor.

El hecho es que Demian jamás lo supo. Estaba solo, con algo mas de cuatro dólares en el bolsillo, se estaba haciendo de noche y lo único que vio, fue frente a sí un enorme cartel que decía Hilton Atlantic City.

"Un hotel", pensó. "Y gigante!"... Se estaba haciendo de noche. Algún lugar para dormir iba a poder rapiñar. Y hacia allí se dirigió....

Continuará...

02 marzo, 2008

El Hombre de la Atlántida- Última Parte

Cualquier ser mortal que hubiera comido y bebido lo que Demian aquella noche, habría muerto. Pero en Demian, la comilona solo le produjo pesadillas.

Natalio y Braulio ya se habían retirado a dormir. Pero Demian se encontraba inquieto, descompuesto.

Giraba sobre sí, dando vueltas sobre el colchón, como si tuviera un demonio dentro. En medio de sueños horrendos que lo remontaban a aquel verano del 75, y quizás estimulado por el alcohol ingerido, Demian comenzó a recordar algunos pasajes de su odisea.

Se le aparecían caras de viejos lugareños, de doctores, enfermeras… Veía pasar ambulancias; escuchaba el sonido de sirenas policiales. Y también de gente que decía: "¿Estará muerto?... ¿Es cierto que estuvo más de una semana flotando en el Atlántico?... ¿Cómo fue que llegó a Mundo Marino?... ¿Che…Tiene manos?... ¿Respira por los pulmones o tiene branquias?..."

Así, en medio de una pesadilla interminable, sintió que le faltaba el aire. Como si nuevamente se estuviera ahogando, igual que 30 años atrás. Intentó emitir un grito de auxilio, pero algo se lo impidió. Fue cuando abrió los ojos y vio todo nublado. Estaba maniatado, pero no era por una fuerza humana. Solamente sus piernas estaban libres, y decidió correr.

Casi ciego, creyó ver algo de luz exterior y se precipitó en esa dirección.

El ruido de vidrios rotos alertó a Braulio y a su padre, quienes al levantarse y encender la luz, vieron que el ventanal estaba destrozado. Y a la distancia, en dirección a la playa, una silueta casi humana, que corría zigzagueante, de manera enloquecida..

- "Demian!”, gritaron ambos al unísono, mientras se calzaban unas alpargatas para salir detrás del que parecía ser el Peruano Dorado. Estaba amaneciendo, y eso facilitaba un poco la visión.

Cuando Braulio y Natalio salieron de la casa, la silueta que habían visto corriendo instantes antes, había desaparecido. No obstante, un tumulto de pescadores que se divisaba a unos 200 metros, llamó la atención de ambos y se dirigieron a la zona. Quizás fuera el peruano…

Padre e hijo se abrieron paso entre la muchedumbre, y lo vieron... Flotando a la deriva, y a merced de las olas, podía verse un cuerpo, posiblemente humano o humanoide. Los separaba una cuadra de distancia, no se alcanzaba a ver…

Todos gritaban los habituales: “Uhh!!... “Ohh!”… “Sálvenlo”… “Es una persona o una bolsa de basura?”.. “A mi me parece…”… Pero nadie movía un músculo. Hasta que Braulio, sin avisar siquiera a su padre, se lanzó al mar en busca de “eso”, que bien podría ser Demian.

Habrán sido 20 minutos los que demoró Braulio en traer aquel paquete a la playa, pero suficientes para alentar en cada uno de los presentes tanto el mayor optimismo como el peor de los pesimismos.

Efectivamente, era Demian Ferrante Kramer, el Coloso de Tumbes. Podía verse su cabeza y sus pies, pero el tórax, piernas y brazos, se encontraban envueltos en una especie de plástico, que dejaba ver la leyenda “Piero”. Era la funda del colchón…

El viejo Natalio lo miró, y se largó a llorar… “Esta vez está muerto, no llegué a tiempo!”.

- “No, papá!... No te rindas!”, gritó Braulio… Y como en cuento de hadas, la muchedumbre comenzó a corear: “Sopapa, sopapa, sopapa!”…

Natalio levantó su mano en señal de asentimiento a la multitud, y se arrodilló… Fue cuando acercaba su boca a la del peruano, que lo vio abrir los ojos… “Está vivo!”, murmuró silente. Y como llevado por un viejo recuerdo, comenzó su trabajo de respiración “boca a boca”, durante casi una hora…

Todos los presentes se dieron cuenta de la situación, y pegaron media vuelta. No quisieron ver más... Demian pataleaba como un hombre rana, de espaldas a la arena, sujetado por la sopapa del viejo Natalio; más que ayudarlo, lo estaba matando.

Después de aquella jornada, el Peruano Dorado jamás retornó a San Clemente del Tuyú. Y cada vez que le mencionan Mundo Marino, siente arcadas.
FIN

29 febrero, 2008

El hombre de la Atlántida 2 - Parte 3

La casa del viejo Vincennau estaba cerca. Durante la caminata, Natalio y Demian recordaron aquella aventura vivida por ambos tres décadas atrás, aunque el peruano poco recordaba los detalles… Posiblemente aturdido a causa de la ingesta de sal, los efectos del sol y los golpes sufridos, durante aquella trágica semana en la que flotó sobre las aguas del Atlántico, hasta que encalló en San Clemente.

Natalio le hablaba de lo famoso que había sido por aquellos días y del nombre con el que lo había bautizado el pueblo: “El hombre de la Atlántida”…
“Ah!!... Y no sabés la de cargadas que me tuve que aguantar por eso del boca a boca que te hice!”, dijo recordando aspectos de esa jornada…

Pero salvo el “boca a boca” que lo tenía inquieto, el peruano parecía no recordar nada. Cada nombre, cada situación o anécdota, le pasaban de costado, produciendo en él una sensación de extravío, de “no saber dónde estaba parado”, nada diferente, por cierto, a lo que le había ocurrido durante toda la vida.

Ya estaba como medio arrepentido de haber aceptado el convite del viejo, cuando la sorpresiva presencia de un apolíneo joven, que se encontraba parado a la entrada de un modesto chalet hacia el que ambos se encaminaban, llamó poderosamente la atención del peruano. Creyó vivir un “dejavú”…

Natalio detuvo su marcha frente al muchacho y exclamó... “Hombre de la Atlán…. Digo, Demian… Te presento a mi hijo Braulio”.

El peruano se quedó mudo e inmóvil por unos segundos. Luego hizo un suspiro, y extendió su mano mirándolo fijamente a los ojos. El apretón fue largo e impetuoso. Ambos parecían no querer soltarse… De vuelta, esos fantasmas del pasado del peruano parecían querer regresar, pero esta vez en la piel del hijo del viejo posadero.

Fue una onomatopeya forzada de Natalio -quien vio lo que sucedía entre el peruano y su hijo-, la que puso un paño frío al asunto: “Ejem!!... Bueno, bueno…. Qué les parece si vamos a comer algo?”, preguntó, a lo que Demian levantó la mano y dijo: “Presente!”… Si algo podía superar el pánico en Ferrante, eso era la comida.

La mesa era modesta, escasa, pero Demian se las arregló para que tanto Natalio como su hijo casi no probaran bocado.
El peruano devoraba en vez de comer, engulléndose hasta las migas que caían al piso y disputaba con el can de la casa… Así, en una especie de soliloquio gastronómico grotesco, Demian balbuceó una primera pregunta, entretanto volvía a su boca algún bolo que se le escapaba entre palabra y palabra….“Es igualito a vos…Berp!!.... de joven…. Gurp!... Natalio”.

Vincennau padre respondió con un seco “Sí, igualito”, sin sacarle la mirada a Demian que devoraba todo como una plaga.

Finalizada la cena, y todos con hambre menos Demian, llegó la hora de ir a dormir… El peruano, impostando una falsa deferencia después de lo acontecido durante la comida, dijo: “Yo me tiro en cualquier lado, no se hagan problema por mí”, indicando con su mano el piso.

- “No, Demian…. Tengo un colchón nuevo para vos, siquiera está estrenado… Te podés tirar ahí”, se adelantó a contestar el viejo Vincennau, mientras su musculoso hijo se acercaba con un Piero flamante, al que todavía no le habían sacado la funda plástica.

- “Listo el pollo!”, bramó Demian, y se arrojó sobre la mullida colchoneta, provocando la hilaridad de Braulio, a quien el peruano parecía simpatizarle…

A quien no le gustaba nada el asunto entre los dos era a Natalio, quien fastidiado le ordenó a su hijo que se fuera a la cama, y que dejara dormir a Demian que “… Debe estar sumamente cansado”, dijo.

El peruano se dejó llevar por el sueño. Ya se le había pasado un poco aquello del “boca a boca” de Natalio, cuando le salvó la vida.

Lo último en qué pensó Demian antes de dormirse fue en el parecido entre Braulio y Natalio cuando joven, 30 años antes… “Lindo pibe”, pensó, y cayó rendido…

Continuará…