Los días pasaban y Walter sabía que el affaire Jara Valdez comenzaría a necesitar de su cuidado y ocupación. De a poco, los teléfonos de la fundación comenzaban a sonar todo el día, cientos de personas desconocidas se acercaban a la sede pidiendo entrevistas laborales, comerciales y hasta religiosas con el chileno. Liberatti comenzó a impacientarse.
Una mañana de abril, no pudo más. Harto de brindar mil y un explicaciones en relación a su falta de vinculo con Jara Valdez, decidió tomar la sartén por el mango. Pidió a Isabel, su hija mayor, que le planchara el saco y la camisa blanca. Se puso corbata y zapatos al tono y se vistió con el mismo atuendo que hace 49 años había usado para la ceremonia de su casamiento por civil. Si Esther, (su finada esposa) estuviese junto a él seguramente hubiese alabado el hecho de que el traje, aun casi cinco décadas después, le quedaba pintado como aquel día.
Una mañana de abril, no pudo más. Harto de brindar mil y un explicaciones en relación a su falta de vinculo con Jara Valdez, decidió tomar la sartén por el mango. Pidió a Isabel, su hija mayor, que le planchara el saco y la camisa blanca. Se puso corbata y zapatos al tono y se vistió con el mismo atuendo que hace 49 años había usado para la ceremonia de su casamiento por civil. Si Esther, (su finada esposa) estuviese junto a él seguramente hubiese alabado el hecho de que el traje, aun casi cinco décadas después, le quedaba pintado como aquel día.
La jugada era arriesgada, pero valía la pena. Walter iba a encarar a Patricio. Intentando mostrarse fuerte. Como si la fundación que el presidía fuese una entidad con "resto" económico, cultural y político. "Miente, miente que algo queda…" era una de las frases preferidas de uno de los responsables de la propaganda nazi en la segunda guerra mundial. Si bien Walter no estaba alineado con esa doctrina, tenía que reconocer que algo de razón tenía.Empilchado como para el cumpleaños de quince de su nieta, se acercó a la remisería de Venezuela esquina Mitre. Esperó, hasta encontrar un auto decente. Al cabo de un par de horas, apareció un Volkswagen Polo rojo. Bastante pasable, sostuvo. Cuando subió. Walter no emitió una palabra de más. Solo dijo: "Vamos al Hilton…en Puerto Madero".
El tiempo voló mientras Liberatti repasaba mentalmente su discurso y a la vez impostaba su figura para mostrarse fuerte. Tenía que funcionar. Si no lo hacía, su fundación iba a terminar socavada frente al ímpetu de este chileno arrogante.Llegaron al hotel y Walter le dijo al chofer. “Espéreme acá. Media hora…no más”. En la recepción, siendo casi las cuatro en punto de la tarde, en el mostrador de informes pidió hablar con Patricio. Una joven hermosa pero insulsa como el telgopor le contestó:
- "El licenciado Jara Valdez no atiende al público…".
- "Dígale al Licenciado Jara Valdez, que en recepción lo espera el Licenciado Walter Amilcar Liberatti. Va a ver…". Con semejante muestra de poder, Walter estaba seguro que lo harían pasar. La joven no se inmutó y al parecer Jara Valdez tampoco, porque hasta las cinco y cuarto de la tarde no tuvo respuesta a su mensaje.
- "El licenciado Jara Valdez esta en una reunión, me dice su secretaria si desea dejarle algún recado o teléfono de contacto…"
Walter ardía de ira.
- “No. esta bien”, dijo…”…Espero…”. Repasó de una mirada el hall del hotel, y reparó en que el acceso a los ascensores estaba libre.
- “Mejor”, dijo Walter haciéndose el manager, “… Confírmeme el número de habitación de Jara Valdez, así le hago llegar el sobre con la propuesta directamente por un cadete de mi empresa…” (la mentira casi lo hacia llorar…). Rogó que la mentira tuviera sus frutos.
- “Bingo!!!!”, pensó cuando la joven sin mirarlo le contestó: “…Todo el tercer piso esta reservado por el señor Jara Valdez”.
Ya casi eran las seis de la tarde. Un destello de lucidez le mostró a Walter la manera de entrar al piso 3. Se acerco a la confitería del hotel y le dijo al encargado: “Vengo de parte del Lic. Jara Valdez… Tengo un encargue específico. ¿Tiene algo de comida chilena autóctona?”Definitivamente Walter estaba al borde del desquicio. Estaba pidiendo a las seis de la tarde, en una confitería de un hotel de lujo en Buenos Aires, algo de comida chilena como quien pide una hamburguesa con papas fritas. Algo en su interior, le decía que estaba en lo cierto. Ese era el camino.
- “Nada maestro…”, le contestó el encargado,”… Pero si tiene alguna receta sencillita, y tiene un rato, se la preparamos”.
Walter pensó en un segundo y manteniendo su calma habitual, contestó.
- “Dale, dame cinco minutos que le consulto y te digo". Voló a los puestos de Internet que estaban del otro lado del salón. Ingreso en Google y tipeó "Biografía Jara Valdez". La pc escupió miles de sitios con la mención a Patricio. Eso, minimizó a Walter, quien por un instante pensó en hacer lo mismo con su nombre. El temor al fracaso de no encontrar resultados lo hizo volver en si, tenia que encontrar algo. Y lo hizo.
Continuará…











