31 octubre, 2006

El zombie

La falta de trabajo en Denver, Colorado, a comienzos de los ’70, hizo que Ferrante Kramer se trasladara a Detroit, la capital automovilística, tentado por un aviso clasificado: “Se busca muñeco de pruebas”.

Corrían los primeros tiempos en que se hacían los ensayos dinámicos para constatar los daños que provocaban los choques en las personas, y las compañías solicitaban nuevos “voluntarios”, con buena paga, para hacer los temerarios “Crashtest”... Los veteranos, bien habían muerto o se encontraban en estado vegetativo, circunstancias que Demian desconocía.

De aquel período, afirman sus biógrafos, pueden inferirse “Las severas secuelas padecidas por Ferrante, especialmente sus desvaríos, pérdidas de memoria, alucinaciones y mesianismo, que se sumaron a las que los alucinógenos ya habían causado en el pasado”.

Pero así como aquella época significó un deterioro para Ferrante en su salud mental – comenzaría a ser tratado en un psiquiátrico por personalidad múltiple (1) -, contrariamente su economía había mejorado de manera notable. Se lo podía ver almorzar y cenar con relativa frecuencia, y había abandonado su característica casa de cartón en las afueras de la ciudad – junto al desarmadero de autos de la General Motors – para vivir en un modesto hotel alojamiento en el que abonaba media tarifa, porque había acordado con la dueña prestar servicios de limpieza.

Y no sería solamente su economía la que habría de prosperar en aquellos tiempos, sino también el amor. Todos sabemos que más allá de sus tortuosos romances y de sus cuestionadas relaciones bipolares – casuales o buscadas – Ferrante fue “Hombre de una sola mujer”. Al menos eso es lo que dicen quienes sostienen que Hilda Las Condes, la chilena, lo marcó para toda la vida. No obstante, en palabras de los que lo denuestan, "Ferrante fue un viva la joda” toda su vida, y afirman que “Le daba lo mismo una mina que un chimpancé”.

La cuestión final es que, en Detroit, Demian conoció la mujer que para la mayoría de sus seguidores “Representó su reencuentro con el amor mágico, con aquello que duele pero apasiona de la misma manera, con una demorada revancha sentimental”.

Ruanda Allegro, se apareció “de golpe” en la vida de Ferrante. Paradójicamente, como consecuencia de un “golpe” sufrido mientras probaba un Chevrolet Killer (2), la haitiana, enfermera del Detroit General Hospital, asistió a Ferrante por más de 15 días, durante los cuales conoció cada centímetro cuadrado de su cuerpo, ya que también era la encargada de su aseo personal e higiene.

"Fue amor a primera vista", coinciden sus biógrafos, y casi "Un rito" cotidiano lo vivido entre ellos en aquel hospital. "La haitiana fue como una esclava para él, no hubo más que sonrisas y caricias entre ellos", agregan quienes se atreven a entrar en intimidades, y hasta de "Sexo desenfrenado en la 313", los que refieren al hecho mencionando la numeración de la sala que ocupó Demian, citada en algunas biografías del peruano como la del "Ceremonial de la lujuria".

Sin embargo, las rosas se acabarían pronto. La bocota de Demian, quien hizo comentarios inapropiados acerca de sus “relaciones” con la centroamericana, produjeron el despido de ésta, lo que desencadenó su deportación posterior, ya que se trataba de una indocumentada.

Demian recién se enteró de lo sucedido a su salida del nosocomio unos meses después. Ruanda, su amada, se había tenido que marchar súbitamente. No le habían dado tiempo siquiera para dejar una nota, la habían expulsado de los Estados Unidos como a un animal. Fue entonces cuando Demian decidiría emprender una rauda carrera en su búsqueda, que no se detendría sino hasta Haití.

Pero contrariamente a lo esperado, tocar tierra haitiana para Demian significó la aparición de extraños dolores. A su clásica ciática, se sumaron neuralgias en todo su cuerpo, erupciones, gases, fuertes puntadas y convulsiones... Todos ellos, sin causa aparente. “Algo no anda bien”, se dijo.

Y si bien su estado era a cada momento más calamitoso, así, atacado por insufribles dolencias, Ferrante se dirigió igualmente a Puerto Príncipe, la capital del país, en busca de su amada.

Su entrada a Puerto Príncipe causó estupor en la gente. Nunca Demian llegó a saber a ciencia cierta el porqué de tal asombro, la razón de tantas miradas estupefactas de quienes lo veían tambalearse en medio de aquel mercado de pulgas en el que se encontraba. Pero de hecho, sí había una razón: estaba “maldito”. Parecía un "Zombie", un "muerto en vida" como lo define la cultura lugareña. O un ser conjurado al que le "Quemaron el cerebro", extrañamente algo no muy lejano de lo ocurrido con Ferrante.

Su corta caminata antes de caer rendido por el cansancio y la fiebre, no fue suficiente para que Demian registrara al menos uno de los cientos de muñecos con su “rostro”, y repletos de alfileres, que pendían de los puestos que dejaba a su paso. Centenares de fetiches malignos construidos por una mujer traicionada y llena de odio, Ruanda, quien había jurado en silencio vengarse del causante de su regreso a aquel miserable país. La misma Ruanda que, poco tiempo atrás, no supiera otra cosas que “dar amor” al peruano.

Demian despertó en Detroit a los pocos días de ser reingresado a USA. No recordaba mucho, ni entendía lo ocurrido. Y si bien los dolores habían desaparecido casi por completo, llamó su atención la aparición de otro nuevo: una punción fina y persistente sobre sus genitales, algo que lo preocupó sobremanera y que pensó estaría relacionado con alguna infección urinaria producto del frío sufrido durante su odisea en barco.

Sin embargo, sus sospechas estaban muy lejos de ser correctas. Tan lejos como lo estaba Haití, donde ya no se veían en aquella feria callejera los clásicos muñecos de Ferrante con miles de alfileres clavados. Ahora se podían ver otros, de nuevo modelo, mucho más baratos, con un solo alfiler inserto en la bragueta.

Mientras tanto, en su casa, Ruanda ya se encontraba diseñando el próximo, uno más revolucionario y útil: un gracioso lapicero conformado por un sonriente Ferrante Kramer bocabajo, con un orificio en su parte superior junto a la leyenda "Inserte su lápiz aquí".

(1). Decía ser Jim Morrison, Duke Ellington o Pipo Mancera.
(2). La GM desitió sacar a la venta el modelo Killer. La noticia del accidente de Ferrante tomó estado público y se prefirió sepultar el proyecto.

El Museo Demian Ferrante Kramer

El destino es esquivo con algunas personalidades de la historia. Desde Judas hasta nuestros días podemos rescatar una interminable lista de personajes que contribuyeron al desarrollo de la historia, y por –vaya a saber que motivos- no son reconocidos por la misma, como protagonistas destacados.

A fines de 1982, esta idea se había establecido en un grupo de integrantes de la Fundación DFK. ¿Por qué Demian no era reconocido mundialmente por su obra? ¿Por qué la sucesión de fracasos en todo lo que estuviese destinado a encumbrar su figura? Walter Liberatti (presidente de la fundación) ya no tenia argumentos para contener cierto dejo de fastidio que empezaba a entreverse entre un sector de los miembros de la comisión directiva.

Si bien no podemos confirmarlo (ya que en la Fundación niegan sistemáticamente fisuras internas) este puede haber sido el origen del surgimiento de un grupo disidente dentro de las huestes de la Fundación encabezado por Luis Copérnico quien en su momento fuese vocal suplente de la entidad. (Si el lector desea mas datos acerca de este tema, puede consultar el detalle de la misma en la entrada titulada “La Noche Oscura de la Fundación DFK” en los archivos del mes de septiembre).

El hecho es que del seno de este grupo combativo surgió la figura de Reynaldo Libertilla. Un joven de bajo perfil, muy criterioso y de andar cansino, quien se resistía a que la memoria de Ferrante Kramer terminara transformándose en un recuerdo aburrido. Demian había hecho mucho… y había mucho por mostrarle al mundo.

La sombra de los grandes fracasos que habían sesgado las iniciativas de Milo Alvarez (La Universidad DFK) y Carmelo Lipozzi (con la Estatua de Demian) en un primer momento, inhibieron a Reynaldo de pedir el apoyo abierto de las autoridades de la Fundación para encarar un nuevo proyecto.

Su idea, era más simple y menos grandilocuente.
Él intentaba recopilar información, objetos, vivencias y evidencias de la vida de Demian de tal forma de poder compendiarlas en un lugar físico para que todos aquellos que quisieran interiorizarse sobre la obra de Demian pudiesen hacerlo sin limitaciones. Las cosas estaban dadas para el surgimiento de un modesto Museo Ferrante Kramer que, con el aporte de los sin duda miles y miles de seguidores de Demian alrededor del planeta, podría convertirse en un lugar de referencia de la cultura mundial.

Lo ideal para esto, era encarar el proyecto con el más bajo perfil posible. Por eso, Reynaldo forzó un encuentro casual con Walter Liberatti en el local de Casa Tía de Monroe y Cabildo un domingo a la tarde en la cola de las cajas, en el cual después de hablar casi diez minutos sobre el precio de los cortes de novillo, le tiró la idea de generar un ámbito de “veneración cultural” para Demian. Walter, que estaba más preocupado por que no se le cayeran del chango las latas de duraznos el almíbar, que en el relato pausado y tranquilo de Reynaldo, ponía cara de prestar atención.

Teniendo en cuenta que Liberatti en ningún momento le dijo “no”, Reynaldo asumió tácitamente la aprobación para este proyecto e inició un trabajo de hormiga que lo llevó a viajar en más de una oportunidad a Tumbes, sin mucho resultado, a esperar durante horas en distintos bares de Latinoamérica a familiares de Demian que nunca llegaban, y a enfrentarse casi sistemáticamente con la indiferencia de las personalidades que a lo largo de los últimos años habían –directa o indirectamente- interactuado con Demian.

Sólo obtuvo apoyo de un grupo de personas olvidado por la Fundación. Casi encontradas de casualidad, y que a fin de cuentas podrían aportarle mucho más de lo que el imaginaba. Reynaldo había dado con las Viudas de Demian.

Demian nunca se casó. Solo se le conoce una relación amorosa (la chilena Hilda Las Condes) que término al borde del escándalo, y no hubo pruebas certeras de vínculos del coloso de Tumbes con mujeres. Mas allá de esto, este grupo de damas se autoconvocó –en principio aduciendo haber tenido relaciones sentimentales con Demian- pero al momento de cruzarse con Reynaldo, no eran más que un rejunte de vecinas con tiempo libre y ex empleadas de servicio doméstico, sin ganas de trabajar por horas.

Desde la Fundación, le quitan importancia a este grupo, aduciendo que solo se aglutinan esperando que en algún momento surja algún beneficio económico del vínculo de dicen haber tenido con Demian.

El hecho es que Hebe Losada, Maria de los Milagros Garrido y Susana Trocadero, principales referentes de ese grupo, prometieron a Libertilla documentos resguardados con celosía, fotos desconocidas y hasta prendas y ejemplares de libros de Demian que nunca llegaron a la Argentina. Eso sumado a algo de material que el había escuchado había en los archivos de la Fundación, eran el puntapié inicial.

Reynaldo fue a ver a Jorge Aguado, en ese entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, para solicitar apoyo, pero fue imposible superar el filtro del asesor del coordinador de ceremonial de la secretaria general de la gobernación.

Con la certeza de no hacer ostentaciones pero seguro de poder cumplir con su objetivo, buscó el apoyo de la Fundación para alquilar un local. No tuvo mucha repercusión, pero en las huestes de Villa Martelli se instaló el pensamiento de que si se habían embarcado en tantas... si tal vez no entraban en ésta y verdaderamente funcionaba al menos parcialmente (lo cual por su simpleza, podría ser factible) se iban a arrepentir de por vida.

El hecho es que, logro alquilar un local a un par de cuadras de la Fundación, en el segundo subsuelo de la Galería San Martin en el centro de Villa Martelli. Recopiló la foto que lloraba sangre (ver entrada sobre el tema), unas copias de algunos escritos de Demian, fotocopias de las cartas que envió a su madre en su juventud y se puso a esperar el invaluable aporte de las “Viudas”. Pasaron los días y el material no llegó. Decidió inaugurar igual pero lo poco que había logrado reunir no alcanzó para convertirse en el epicentro cultural de la zona. Recibió visitas de algunos amigos que pagaron la entrada, pero a gatas logro pagar los gastos de arranque. Las viudas finalmente nunca acercaron material que certificara su relación con Demian.

El museo duró 42 días. Al día 43, Reynaldo supo que no daba para más. Por más importancia que tuviera la figura de Demian en el mundo, evidentemente la fortuna le volvía a ser esquiva. Iba a terminar siendo un don nadie.

Reynaldo abandonó la Fundación por sentirse fracasado. Dicen que a los seis meses, en el mismo local montó una panadería. El empleado al ser consultado por integrantes de este blog, negó relación alguna con Libertilla.
Muchos seguidores de Ferrante Kramer con el tiempo aseguran que el Museo encarado por Libertilla estaba destinado al fracaso desde antes de nacer. Reynaldo, mas allá del traspié, con el tiempo fue encontrado en los alrededores de la panadería, y reflexionó con integrantes de este Blog acerca de su error: habia montado un museo sobre una figura de la cual no se tenia certeza exacta de su muerte.
¿Habría que embarcarse en la mision profética de cerciorarse de su muerte o tal vez matarlo de una buena vez por todas? Entonces, ahi sí... el museo sería un éxito.
Reynaldo no era un hombre acostumbrado a digerir fracasos...

27 octubre, 2006

El abandono

Pocas semblanzas las hay más contundentes que ésta, que hablen de los valores, principios y rasgos característicos de la humanitaria personalidad de Demian Ferrante Kramer. Y quizás ninguna otra que nos remonte a sus primeros años, cuando adolescente, que presente una impronta tan conmovedora que por momentos hasta nos lleve a olvidar sus malas épocas, que ciertamente las tuvo como todo mortal.

Ya en la primera entrada de este Blog, dábamos cuenta de quién era Ferrante Kramer. Ya en nuestras primeras pinturas acerca del coloso peruano, no sólo nos preocupabamos por dar a conocer su vida y obra, sino por plantear lo verdaderamente valioso de su personalidad: esa nueva luz en tierra latinoamericana, esa nueva voz entre los pobres y desvalidos... Un alma solidaria dedicada al prójimo.

Ese carácter noble, que no encontró acogida en una familia ausente y materialista como la suya, hizo surco en el campo, de donde mamó toda esa cultura que lo llevaría en un futuro a convertirse en un ser al servicio de las causas justas, no siempre afortunado para alcanzarlas, pero sí motivado por un corazón de oro y pensamientos puros.

Y quizás hayan sido también aquellos rasgos primeros de su personalidad los que le jugaron en contra en más de una oportunidad. Acaso por ser tan directo, honesto y transparente, la sociedad corrupta e interesada, abusó de su inocencia.

Y ya no tan “quizás”, sino seguramente, el hecho de sentir que el peligro “danzaba permanentemente a su alrededor”, hizo que sabiamente se refugiara en quienes podía confiar, porque no había maldad en ellos sino solo amor: LOS ANIMALES, sus mascotas. Amigos verdaderos a los que les dedicaría su vida, y a los que cuidaría como el buen pastor vela por sus ovejas.

Aquellos animales de los prados tumbesinos fueron para Demian la razón de su vida. Les dio todo, así como demandó de ellos la fidelidad y el cariño que no encontraba en su hogar. Compartió sonrisas y llantos, días de sol y de tromenta. Terminarían siendo hasta sus confidentes, ante la falta de agluien mejor en quien depositar sus sueños, tristezas y alegrías.

Una relación simbiótica que lo marcó durante varios años de su niñez, podría decirse hasta su partida de Tumbes.

Y ese día, había llegado... Aquel impúber que supo deleitarse de su relación casi mágica con esas adorables mascotas, era ya todo un hombrecito. Un varón hecho y derecho, que con dolor debía abandonar aquellas praderas, aquel verdor, aquellas arboledas frondosas.... Alguien que debería darle la espalda a sus entrañables compañeros de años, sin otra razón que su necesidad de hacerse camino solo, por otras tierras.

El error de Demian fue el pensar que ello sería sencillo. Que con sólo reunirse en el prado bajo algún árbol con “Paco” - el búfalo -, “Sonrisita” – la hiena, “Traka Traka” – el puma -, “Trompita” – el elefante – y “Rogelio” – el gorila -, y decirles “Me voy a probar suerte a otras tierras”, todo se resolvería con alguna que otra lágrima suya.

Dicen que los animales sienten más aún que las personas, y es cierto...

Demian, con casi 18 años, decidió aquella tarde plantear la despedida... “No hace falta... A quién se le puede ocurrir!”, se dijo. Pensó que cualquiera se iría sin más, sin dar explicaciones ... Se trataba de animales, no de personas. Pero Demian era distinto: puro, sensible, casto, diferente. Él sentía que debía hablarles como a un grupo de amigos.

Por largo minutos, Demian se tiró sobre la hierba, y como quien está con su cofradía, comenzó a ensayar su partida. Hablaba de un futuro suyo en Estados Unidos, de que le gustaba escribir pero también el cine, de todos los sueños que a esa edad caracterizan a un simple muchachote. Recordaba cada anécdota vivida con sus amigos -las fierecillas-, que parecían escucharlo con suma atención. Quien hubiera presenciado la escena, podría haber sostenido que “Esos animales entendían que el peruano los abandonaba”.

Como a las 3 horas de iniciada la charla, y sin que hasta el momento ningún animal abandonara la reunión, en medio de un solapado llanto, Demian se incorporó y les dijo “Adiós amigos, me voy para siempre!... Los extrañaré mucho”. Y comenzó a caminar...

Pero no pudo avanzar más que unos metros... Traka Traka, el puma, le cerró el paso, amenazante, mientras que Rogelio, el gorila, lo tomaba por detrás y trababa con descomunal fuerza sus brazos. En tanto, Trompita, el elefante, se escapaba de su vista, alzando y endureciendo su trompa, y tomaba posición a sus espaldas, con intenciones poco claras.

“Amigos, qué les pasa??... No quieren que me vaya?”, murmuró asustado .... “No me hagan más difícil la partida”, agrego. Fue cuando sintió el aliento fétido y caliente de Rogelio respirando sobre su mejilla, y su voz susurrándole al oído: “Vos de aquí no te vas... Uno es esclavo de los animales que domestica!”.

A la mañana siguiente sus hermanos, que habían emprendido su búsqueda durante toda la noche, encontraron a Demian tirado junto a un árbol, como dormido, y a varios animales que al percibir la presencia de extraños, dejaron de husmear sobre el caído y huyeron raudamente.

Demian se despertó sobresaltado y se abalanzó sobre su hermano Danilo, abrazándolo, al grito de: “Fue un sueño, fue un sueño... Gracias a Dios!!”. Los hermanos se miraron entre sí, como no entendiendo mucho, arroparon el cuerpo desnudo de Demian con uno de sus abrigos, y solamente dijeron: “Ya pasó, hermanito... ya se fueron!”.

Demian no recordó nada de lo ocurrido aquella noche. Para él todo fue un sueño, mejor... Seguiría viviendo en estado de inocencia por un tiempo más.

A los pocos días, Duilio salió de caza y derribó a un particular gorila que vestía los pantalones de su hermano. Algunos lugareños aún hoy cuentan que Trompita, quien presenciaba la escena desde lejos, arrojó una remera y un boxer floreado que pertenecerían a Demian ...

“Seguramente, para no correr la misma suerte que el mono”, a decir de ellos.

La Universidad Ferrante Kramer

Mucho podrá hablarse, escribirse y hasta invertarse sobre las actividades desarrolladas por Demian Ferrante Kramer y sus miles de seguidores en todo el mundo a lo largo de los últimos 50 años. Sin lugar a dudas pocas cosas relacionadas con el coloso de Tumbes hayan generado una marca tan profunda en las generaciones futuras de latinoamericanos como el proyecto más ambicioso encarado por la Fundación DFK desde su creación, ligado íntimamente al ámbito cultural.

Habiendo fracasado la idea de la Estatua de Demian (si lo desea puede encontrar detalle de esta historia en entradas anteriores en este blog) nadie quiso por mucho tiempo, proponer proyecto alguno para implementar a través de la fundación. De hecho… casi no había tema de conversación en cada reunión de Comisión Directiva: El olor a humedad en el Salón Principal, las Cajas de Remeras acumuladas cuando el retrato de Demian lloró sangre (que no fue mas que un error de interpretación de alguien deseoso de encontrar algo nuevo en quien creer), los resultados del turf, en fin… no había mucho y de esa forma, la Fundación como asociación civil entraba en terapia intensiva.

Milo Alvarez, coordinador cultural encaró por su cuenta una serie de cursos de electricidad (de hecho, era electricista) y hubo un par de anotados. Reparación de heladeras y aire acondicionados no tuvo tanto éxito, pero con los de pastelería –más allá de que Alvarez poco sabia de gastronomía- repuntaron.

El hecho es que este tipo de actividades tuvieron cierta repercusión en Villa Martelli y “Los Cursos de la Fundación” como de a poco empezaron a ser conocidos adquirieron cierta (e inexplicable) popularidad. De a poco empezaron a aparecer transeúntes que ingresaban a la sede para preguntar por el dictado de cursos de la más diversa índole (origami, tejidos, corte y confección, física cuántica, análisis matemático, diseño gráfico, ikebana, bonsái y reiki, eran por lejos, los mas consultados).

De a poco, Milo Alvarez, empezó a darse cuenta de que sus iniciativas estaban “levantando” a la Fundación. La “semilla” de la expansión cultural estaba instaurada en la sociedad a través de la Fundación. Este era el momento para dar el gran salto. La Educación Argentina tenía un bache y este era el momento de cubrirlo. Habían surgido los basamentos esenciales para el nacimiento de un ámbito donde –exaltando la figura del coloso de Tumbes- la cultura latinoamericana renaciera: LA UNIVERSIDAD FERRANTE KRAMER.

De más está decir que cuando Alvarez expuso su idea, sus compañeros de comisión directiva no salían de su asombro, de hecho…Esteban Loti (coordinador de deportes) llamó a escondidas a la mujer de Alvarez durante la reunión, para corroborar si Milo estaba bajo el efecto de algún medicamento o inconveniente de salud que lo hubiera hecho –al menos momentáneamente- perder la razón.

Al no encontrar un motivo racional para negarle el apoyo y frente al entusiasmo, las explicaciones y proyecciones que había preparado Alvarez, la Comisión Directiva (con ciertos reparos) apoyaron la idea.

Milo recorrió durante meses el Ministerio de Educación cumplimentando los trámites necesarios para poder funcionar como casa de estudios, hasta llegó a pedir entrevistas con el ministro de turno quien se negó sistemáticamente a recibirlo al no encontrar un motivo sustentable que avalara la reunión.

La Sede de la fundación, funcionaría como Rectorado y Secretaria. El Centro Italiano de Villa Martelli aportaría (al menos en un principio) espacio para aulas y una sociedad de fomento de la zona facilitaría sus instalaciones para ser utilizadas como campo de deportes.

Milo (autonombrado Rector) reclutó un centenar de docentes de dudosa procedencia. El tiempo empezó a correr. En 60 días debía presentar en el ministerio el plan de estudios del a nueva Universidad de Ciencias Humanas (1). Analizó curriculums, entrevistó postulantes y en un par de semanas hilvanó bastante precariamente un plantel docente y administrativo.

Mientras las autoridades de la Fundación no llegaban a entender el esquema de repago de este faraónico emprendimiento (¿de donde saldría el monto para asumir sueldos y cargas sociales de los empleados y los gastos operativos para ponerlo en marcha?) aprobaron un préstamo de $ 400 (monto aportado desinteresadamente por las fuerzas vivas de la zona) para el desarrollo de una campaña publicitaria.

Llegó el día el comienzo de la inscripción de 134 carreras de grado diferentes (una más que Harvard), mucho entusiasmo y un gran optimismo. A los diez días, en una decisión concensuada junto a las autoridades de la Fundación, Alvarez redujo a 35 las ofertas docentes y al mes solo quedaban 6.

Utilizando un sin fin de herramientas de persuasión que llegaron a incluir el recorrer durante ldos meses la zona“puerta a puerta” para convencer a potenciales alumnos, Alvarez no logró inaugurar la lista de inscriptos. Sólo se acercó una vecina una mañana, para preguntar si allí bañaban mascotas.

El proyecto nacido como la revolución cultural de la década en Latinoamérica comenzaba a hundirse cual titanic en aguas congeladas…


El Ministerio de Educación no aprobó el permiso para funcionar como Casa de Estudios. Objetó 675 ítems en la presentación realizada por Alvarez a tal fin. Las entidades sociales que inicialmente iban a colaborar en el proyecto, al intuir el desenlace, se desentendieron velozmente y cortaron relaciones con la Fundación por considerarla poco seria.

Alvarez desapareció de un día para el otro, y Martin Garrido (publicitario que ideo la campaña de lanzamiento y la imagen institucional de la entidad) hasta el momento no cobró los $ 400 del presupuesto aprobado oportunamente por su trabajo.

Junto a esta entrada, un aporte desinteresado de un lector que –conocedor de esta historia- nos envió una foto de una placa que le pareció familiar, descubierta casi de casualidad en la parte trasera de la puerta del baño de hombres de la confitería “El Tren Mixto” que supo estar en Av. Del Tejar (hoy AV. Balbín) y la vía del Ferrocarril Mitre.

(1) Nunca llegó a definirse que abarcaba este concepto.

26 octubre, 2006

Danilo, el olvidado

En la casa paterna de los Ferrante Kramer, en Tumbes, Perú, se mentía mucho. Y había una razón: nadie quería hablar de Demian, porque les daba vergüenza hacerlo.

Por ello, tanto sus padres, como sus hermanos Dionisio y Duilio, decidieron falsear deliberadamente la realidad, pintando un panorama tan idílico como patético. Una permanente puesta en escena sobre un fingido amor hacia Demian, una perversa simulación que cobraría su precio en la persona de quien se esperaba fuera beneficiado por aquella farsa: el menor de los Ferrante Kramer, Danilo.

Danilo, el más pequeño de los cuatro, casi no recordaba a su hermano escritor. Apenas tendría 3 años cuando Demian partió a los Estados Unidos en busca de fortuna. Sólo sabía de él a través de lo que le contaba su madre, y de lo que escuchaba de sus hermanos Dionisio y Duilio: “Lo que somos, se lo debemos a Demian...”, solía comentar el primero. “Alimentos FAMI no existiría si no fuera gracias a él”, agregaría. O Duilio, que no escatimaba palabras de elogio en favor de Demian: “Fue él quien me mostró el camino, el que me dijo que debía dedicarme a curar las adicciones... Y aquí me ven, dueño de uno de los tres más importantes complejos del mundo en la materia, el Morrison Medical Center”.

Todos, incluidos sus padres, se la pasaban hablando día y noche de lo que les había dado Demian durante tantos años, de lo agradecido que le estaban y cosas por el estilo. Danilo, sólo escuchaba, en silencio. Grabando y decodificando desde pequeño y a su manera toda la información que recibía. Sin poder compartirla con nadie, porque nadie notaba su presencia.... A punto tal que era común que en la casa se refirieran a él por “Kramer”, ya que hasta habían olvidado su nombre.

En palabras de su psiquiatra, “Daniel, perdón... Danilo era como una bomba de tiempo”, y tenía razón. Danilo era una bomba a punto de estallar, un enemigo invisible que no haría su aparición sino hasta aquel día, en que todo cambió para los Ferrante Kramer. Aquella jornada en la que Danilo se hizo tan solo unas simples preguntas: “¿Por qué mi hermano no se fijó también en mí?... ¿Todo para mis hermanos... Siquiera un perro sarnoso es mejor que yo? ... ¿Por qué no puedo yo también recibir algo?”.

Fue apenas un instante, un soplo en el tiempo, pero bastó para dar cabida a aquel grito desgarrador de Danilo... Una frase que, como trueno, rompió el perfecto silencio de la casa que lo vio crecer: “Yo también quiero mi parte, yo también quiero mi pedazo!!”

La violencia interior de Danilo amaneció súbitamente. Y también el miedo en sus más cercanos. Esa furia había estado adormecida por años, y reclamaba su paga: el reconocimiento de Demian.

Él también quería ser destinatario de su interés, de su mirada. Y así, totalmente confundido por años de mentiras familiares, y desesperado por conseguir la atención de su hermano ausente, urdió un enfermizo plan. Un morboso camino para lograr su propósito: replicar los pasos de Demian, uno a uno, a la manera de un “copycat”, tal como se describe a los delincuentes que imitan los actos de aquellos a quienes admiran y son sus ídolos.

Danilo estaba muy enfermo, y no lo sabía. Su obsesión lo había llevado a indagar sobre cada paso dado por Demian, cada lugar en el que había estado ... Al menos, aquellos que se mencionaban en las cartas que le escribiera Demian a su madre, y que a hurtadillas había tomado sin que ella lo notara.

Comenzó por la primera, la que hablaba de su partida hacia los Estados Unidos, allá por los años ’60. Y fantaseó como un chico con aquel viaje de su hermano en un buque carguero que transportaba “carbón de coque”: “Llegó negro a USA, qué genio!”, diría. “Y tocó con Ellington.. qué grosso!!... “¿También estuvo con Capote y Malcom X?...¡Qué maestro!... Yo quiero ser como él”, se repetiría hasta el cansancio.

Fue así que se encaminó a cumplir el primer tramo de esa rica y azarosa vida de su hermano: ir de polizón en un barco de carga hacia Norteamérica.

Afortunadamente, la espera no fue larga. A los pocos días, un barco que transportaba aceite de lino se dirigiría a aquel lugar. Ya no se acostumbraba exportar carbón, por lo que optó decidirse por el primero que se le apareciera: “Qué puede cambiar?... Coque o aceite de lino, bah!!... Da igual”, se dijo y se encaminó al puerto aquella cerrada y fría noche de otoño. La embarcación estaba a punto de zarpar.

A las pocas horas de su partida, el buque ya se encontraba a cientos de kilómetros de la costa. Entre tanto, Danilo permanecía agazapado debajo de uno de los botes salvavidas, a la espera del amanecer.

Sin embargo, el hambre se hizo sentir prematuramente, y decidió ir a cubierta para intentar obtener algún alimento. Y lo hubiera conseguido de no haber sido por aquel tropiezo. A su paso, unas botellas de aceite mal acomodadas se cayeron con él, causando un fuerte estruendo que despertó a casi a toda la tripulación: un grupo de 10 marinos rusos, contratados por un inescrupuloso empresario yanqui en su afán por reducir costos.

Danilo sabía perfectamente inglés, pero nada de ruso. Embadurnado de aceite como se encontraba, al intentar incorporarse patinó y cayó de rodillas delante de uno de los tripulantes, frenando milagrosamente su caótica trayectoria al tomarse del cinturón del marinero y dar de mejilla sobre su bragueta.

Ante lo gracioso de la escena, al unísono todos los navegantes rompieron en carcajadas. Creyeron ver en la actitud de Danilo un gesto conciliador, una señal para evitar ser expulsado del buque, y comenzaron a jugar con él. Ayudados por el aceite que había en la cubierta, se lo arrojaban entre ellos como si fuera una patineta. Estuvieron así por largos munutos, riendo y bebiendo cerveza, hasta que en una de las tantas idas y vueltas el pantalón de Danilo se le desprendió, quedando sus blancas y afeminadas piernas al descubierto.

Todos los rusitos dirigieron de golpe sus miradas al menor de los Kramer. Sus ojos tenían un brillo lujurioso, escandaloso. Y se percibía un acalorado e ininteligible ronroneo entre ellos. Uno del grupo, el que parecía más licencioso, llegó a practicar el clásico silbido: “Fui .. Fuiii!!”, usual cuando se ve a una señorita. Fue en ese momento cuando el más grande de ellos – a la sazón capitán - se abalanzó sobre Danilo, lo rodeó con sus brazos y sentenció una orden a los demás. La consigna estaba clara: evitar la que se veía venir, una violación grupal y de fácil empernamiento, ya que el candidadto venía bien lubricado.

El grandote, cuyo nombre la prensa sindicó como “Igor Pratsky”, llevó a Danilo hasta una habitación, se encerró con él, y no dejó que ninguno de los restantes ingresara durante toda la noche. A la mañana, Pratsky habló con los demás miembros de la tripulación, calmó los ánimos y llegaron a un acuerdo de convivencia: “Tenemos un polizón, esto es un hecho, señores.... Y debemos enfrentar la situación hasta llegar a puerto, correcto?”.

Fue así que para preservar la integridad de Danilo hasta su ingreso a USA, cada uno de los 10 marineros rusos lo protegió durante las 60 noches que duró el viaje, turnándose civilizadamente entre ellos y hasta a veces disputándose cortésmente la tutela del invitado ilegal.

Quienes conocieron a Danilo en los Estados Unidos afirman que casi no abría la boca, y que desistió de seguir los pasos de su hermano. En su autobiografía titulada “Yo, Danilo”, en uno de sus párrafos referido a Demian puede leerse: “Quiero ser yo, y nadie más... No quiero ser una copia de mi hermano. De él tengo suficiente, me bastó con revivir aquellos pedazos de su vida en el buque carguero que me trajo hasta aquí”.

Un dato de interés que a la fecha sigue siendo una incógnita para los estudiosos de los Ferrante Kramer: el carguero declaró en EE.UU un faltante de 1000 litros de aceite de lino. Por testimonios de los 10 tripulantes, las culpas recayeron sobre Danilo. Actualmente, Danilo reside en San Francisco.