16 diciembre, 2006

Crónica de una muerte anunciada

El mundo del espectáculo se ha caracterizado desde siempre por profesar una morbosa inclinación a la “exposición pública”. Una buena manera de obtener publicidad sin costo, por cierto, y gracias a la cual se nos impone de temas “tan interesantes” como el gran romance de la hija de tal con cual, la cena del empresario con el ministro, el próximo casamiento de la actriz con el polista, o la justificación del último fracaso cinematográfico del galán de turno.

Sin embargo, esa ostentación valiente y desprejuiciada que a diario vemos en diarios, revistas, no se verifica de igual forma en algunos hechos o en situaciones particulares. Por el contrario, podría decirse que existe una marcada vocación por esconder acontecimientos “vergonzantes”, por denominarlos de alguna manera que, de trascender al exterior, pondrían en ridículo a sus protagonistas y los despojarían a la vez de ese halo encantador que los distingue del resto de los mortales.

La Fundación DFK tuvo acceso a los hechos que se comentan en esta entrada, merced a las declaraciones de un involuntario testigo. Una persona que por su condición social siquiera fue atendido por las autoridades y, lo que es peor, fue calificado de loco y mantenido en prisión por más de 30 días.

Nunca nuestro protegido, Demian Ferrante Kramer, se había visto involucrado en hechos de esta naturaleza. Pero algún día tenía que sucederle a él, el más grande entre los grandes. Un grande que, como tantos prohombres de la historia, no siempre fueron bendecidos por la fortuna.

Seguramente los seguidores de este Blog recuerden con tristeza la época en que Demian debió enfrentar la adversidad trabajando como jardinero, ya sea como cuentapropista, tocando timbres en las mansiones de la zona norte del Gran Buenos Aires, o rentado con casa y comida en Puerta de Hierro, a las órdenes del General Perón.

La historia de hoy se corresponde con esa primera época, cuando en la búsqueda del mendrugo de pan “Para mis hijos” - como solía mentir por necesidad - el destino lo puso frente a la puerta de la diva más famosa de la Argentina: Susana Giménez.

Ferrante no la conocía. Casi no veía televisión en aquel período infortunado de su vida; apenas tenía para comer.

“Señora, le corto el pasto?”, era la frase con la que el “peruano de oro” iniciaba el diálogo con sus ocasionales clientes. La “Su”, apócope por el que se la reconoce desde sus orígenes, no supo qué responder aquella tarde. Su jardín estaba impecable, recién había sido renovado por especialistas.

No obstante, esa piedad que ennoblece a la clase alta cuando ve a alguien que con esfuerzo y trabajo intenta “salir de pobre”, o acaso ese “poder seductivo animal que emana del Maestro”, a decir por sus más conspicuos seguidores, produjo en la afamada estrella argentina una reacción dispar... Habría de aceptar el ofrecimiento de Demian de sumo grado, sonrisa mediante, mientras acariciaba a su adorable mascota.

Susana Giménez no sabía en aquel momento a quién estaba delante suyo vestido con sucias ropas de jardinero. Y quizás nunca haya llegado a saberlo siquiera. La diosa no sabía que estaba frente al “Coloso de Tumbes”, todo un genio de la literatura. Un fenómeno que superaba con creces a Nelson, el hombre rata, a Tony Kamo, al gordo que se cocinaba dentro de un horno a 150 grados, o a cualquiera de los que habían pasado por su programa de TV.

“Cuál es su nombre, caballero?”, inquirió la diva amablemente, mientras retaba a su perrito con un “Jazmín!!”, quien no paraba de ladrarle al peruano..... “Demian Ferrante Kramer, señorita, escritor de profesión y hoy temporalmente conminado a hacer este trabajo para sobrevivir... Pero ya se va a acabar, pronto voy a estar en otro lado, se lo aseguro!”, respondió firmemente Demian, con un tono que indicaba que estaba decidido a darle vuelco definitivo a su triste presente.

“Demian, como verás, está casi todo hecho”, respondió la Giménez ... “Solamente podame un poco más aquellas rosas y ese jazmín”, agregó, señalando con su mano, en dirección al lugar donde se encontraba orinando su mascota.

Ferrante acató la orden de la dama como solía hacerlo: al pie de la letra, pero mal. Al día siguiente, la “Su” saldría en cámaras llorando. Toda la prensa pensó que se trataba de otra vuelta del caso “Roviralta”, que el dandy había regresado por más plata o para pelearla en público. Pero, no, no se trataba de eso. “Crónica TV” subtitulaba “Murió Jazmín, el perro de Susana”, en tanto la actriz y conductora no encontraba consuelo y sollozaba: “Ya era muy viejo”.

Nunca mostraron a Jazmín muerto. Nadie se hubiera atrevido a mostrarlo, si duda. Especialmente porque hubiese sido imposible identificar cada una de sus partes.

Ferrante cumpliría una vez con lo prometido: “Pronto voy a estar en otro lado señora, se lo aseguro!”. Estuvo detenido casi un mes en la cárcel de Villa Devoto por “Homicidio”; fue compañero de celda de quien acercó a la Fundación esta historia. La causa fue desestimada por no constituir delito la muerte de un animal, pero especialmente al comprobar el Juez que Ferrante “era ininputable”.

Sus biógrafos aseguran que Demian nunca tomó conciencia de su hecho criminal: “Tanto lío porque le corté mal un jazmín”, solía decir. También afirman que durante un año aproximadamente, Demian se presentó ante la casa de la diva con un ramo de jazmines en su mano, y que desistió el día en que alguien desde su interior le arrojó un cenicero.

Al principio no creímos que esta historia fuera real. Pero, “Alguien alguna vez vio el cadáver de Jazmín?”.

14 diciembre, 2006

Dick “Fish” Kramer y el origen del linaje

Si hay algo que caracteriza a la tierra natal de Ferrante Kramer es la cálida sonrisa de su gente. Una expresión permanente de alegría que, para muchos que venimos de afuera, nos parece algo sobre actuada y artificial.

Sin embargo, ese estado de ánimo pletórico de felicidad que parece fingido a primera vista, no es casual. Es el resultado de una forma de vida, de costumbres y de prácticas diferentes, como la del “Río Tumbes”. Una experiencia adolescente, de la que todos participan.

El juego del “Río Tumbes”, es un acto de iniciación juvenil. Todos han pasado por él, hombres y mujeres. Y consiste en introducirse sin ropas en su lecho por una hora, lapso durante el cual “está prohibido sonreírse”.

Cuenta la leyenda del lugar que nadie salió airoso del desafío. Todos, tarde o temprano, terminan cediendo a la risa, la que no se detiene hasta mucho después de salir de sus aguas. De allí que se lo reconozca al lugar como el de la “alegría”.

Todos se preguntarán qué tiene que ver esto con el sujeto de nuestra novela de hoy, Dick “Fish” Kramer.... Mucho, les aseguro que mucho.

La presente historia se remonta a principios del siglo pasado o fines del XIX. Dick Kramer (en realidad Demetrio Fortunato Kramer, de nacimiento), contrariamente a lo que sucedía con la mayoría de los que participaban de la experiencia del río, “retornaba diariamente a sus aguas, en busca de esa sonrisa que mágicamente le proporcionaba su cauce manso”.

La razón de aquella conducta, un cetáceo: “El escondido”, un escurridizo pez extinguido en la actualidad, cuya habilidad mayor consistía en introducirse y salir repetidamente de cuanto orificio encontrara. El animalito acuático poseía una desproporcionada aleta posterior, lo que dificultaba su ingreso y egreso de cualquier agujero y que al decir de los entendidos: “Era lo que provocaba hilaridad en los individuos... Era imposible no sonreír cuando aleteaba fuertemente para entrar o al salir” .

Aquella experiencia, tan graciosa como desagradable en virtud de las dimensiones nada despreciables del animalito (largo 25 cm y un diámetro de 6 cm, sin contar la aleta), determinaba en todos los casos que aquel “bautismo de fuego” fuera algo que nadie quería repetir... Ninguno quería volver a introducirse desnudo en las aguas del Tumbes. Ninguno, con excepción de Dick.

La actitud de Dick, y el hecho de que sus incursiones al río fueran frecuentes, avergonzaron a la familia Kramer. Originarios de Italia, eran personas de fuerte formación religiosa que no estaban dispuestos a aceptar a “diferentes” en la familia, aún cuando llevaran su sangre y apellido.

Esa aversión por Dick, el “patito feo”, hizo que lo conminaran a marcharse de Tumbes. Dick, o Fortunato, como más guste, se dirigió a los Estados Unidos a probar suerte...

Acaso haya sido el hecho de ser discriminado por su propia familia, o el impulso visceral de aventurarse en tierra ajena lo que no se apuesta en la propia, la cuestión es que Dick “Fish” Kramer se convirtió en pocos años en el “Capo de la mafia del pescado” en U.S.A., manejando el precio del producto desde Oregon hasta San Francisco. Si bien había roto lazos con la tierra que lo vio nacer, nunca pudo hacerlo totalmente... Continuó vinculado a su gente a través de pequeñas importaciones de peces “Escondido” para uso personal.

Debido a esas “extrañas actitudes”, y un poco también a filtraciones de paisanos suyos que habían como él recalado en Estados Unidos, Dick no pudo evitar que su pasado en el Perú pronto fuera conocido también en Brooklyn, de ahí que lo apodaran “Fish”.

¿Pero, quién fue en realidad Dick “Fish” Kramer, y qué importancia tuvo en la vida de nuestro héroe: Demian Ferrante Kramer...?

Como se habrá podido apreciar hasta ahora, el apellido Ferrante no ha aparecido en esta historia. Sin embargo, irrumpiría muy pronto en la persona de Dino Ferrante, un ser despiadado y violento, dispuesto a disputarle a Dick una parte de su negocio del pescado.

Demetrio Fortunato Kramer (alias Dick Fish) y Dino Ferrante se convertirían en poco tiempo en acérrimos enemigos, librando batallas despiadadas por dinero, negocios y poder. Pero no sería en realidad solamente por esos motivos su lucha sin cuartel... Entre ellos se interpondría también una bella mujer, “Clareta”, una inmigrante italiana a quien Dick Kramer presentaba como su “novia” para desvirtuar los crecientes comentarios que se ventilaban sobre su hombría.

No hay certezas sobre lo ocurrido realmente, pero la mayoría de los historiadores del linaje Ferrante Kramer sostienen que Clareta mantuvo un tórrido y promiscuo romance con ambos. Dick, por la mañana, Dino, por la tarde; Dick, los sábados, Dino, los domingos. Y que no obstante los ingentes esfuerzos de Clareta por mantener oculta la situación, su juego “a dos puntas” pronto fue descubierto por ambos mafiosos. Y no por un hecho común, sino por una tremenda noticia: el embarazo de la mujer compartida.

Luego de mucho discutir qué hacer con la situación, finalmente el fruto de vaya a saber “cuál” de los dos, Dick o Dino, “vio la luz”: un niño, un saludable y robusto gurrumino cuyo apellido sería disputado por años entre ellos. Sin embargo, aquel litigio de sangre no sería dirimido sino hasta el día en que aquel pequeño, llamado Doroteo, pronunciara su primer palabra: “Papá”, mirando a ambos a la vez.

Doblegados por el amor del infante, las paces no se harían esperar. Dick y Dino se fundirían en un fuerte abrazo y decidirían que el vástago llevara ambos apellidos... El niño sería a partir de aquel entonces Doroteo Ferrante Kramer... Por años bromearían con amigos diciendo que “Nos amigamos porque somos de buena leche”.

Años más tarde, Doroteo Ferrante Kramer viajaría a Perú, el lugar de nacimiento de Dick, uno de sus posibles padres. Y recalaría en Tumbes, lugar del que se enamoraría para siempre. Doroteo, pronto se casaría con Felisa Rahmane, quien daría a luz a cuatro hermosos varoncitos: Demian, Dionisio, Duilio y Danilo.

Obviamente, esta historia hecha por tierra muchas otras que hablan de los orígenes del maestro como descendiente de Tutankamón, o nieto de Donato Ferrante Kramer... Pero alimentan y promueven tantas otras, mucho más consistentes a nuestro entender, como la de la vinculación de los Ferrante - Kramer en U.S.A. con Guido Liberatti, dueño de la pescadería de la 5ta. Avenida y Riverdale y, a la sazón, abuelo de Walter, Presidente de la Fundación DFK.

Antes de publicar esta entrada nos preguntábamos cuán difícil sería para Demian soportar una verdad tan dura como ésta. Sin embargo, el “Maestro” nos animó a hacerlo con una frase que nos conmovió: “Me las he visto con más duras que ésta.... Adelante con la historia muchachos... Toda, y hasta el fondo!”

10 diciembre, 2006

La Guerra Fría (Parte 2)

En la primera parte de “La Guerra fría”, habíamos visto como Demian enfrentó la decisión de brindar servicios de inteligencia para su país. Como, con actitud firme y decidida y a riesgo de perder su vida, había aceptado ser “espía”, y hacerse pasar por Vladimir Arenko, casi un “clon” suyo ruso, para evitar una conflagración nuclear.

Sin embargo había algo más en aquella patriótica misión que no le habían dicho: debía llevar un grabador escondido.

En aquellos años ’60 la tecnología no era la que tenemos hoy en día. Aquellos bichos, que funcionaban con cinta magnética como la cassette, ocupaban mucho espacio. Pero, gracias a Dios, la Geloso había diseñado una miniatura electrónica asombrosa, que pasaría desapercibida a cualquier registro. Era una especie de cilindro, que se sujetaba a los extremos de la dentadura superior, y que se accionaba con la lengua cada vez que se quisiera grabar o detener la grabación.

No obstante, había un grave problema: Demian tenía toda la dentadura postiza. Era imposible ubicar el mini grabador allí, dado que se despegaría y dejaría al descubierto el aparato. Quedaba una opción, la cual fue aceptada de inmediato por el peruano y alabada por todos los presentes. Sin saberlo, Demian se adelantaba una vez más a su época, dándole forma al personaje de aquel memorable filme interpretado por Steve McQueen, años más tarde: “Papillon”...

Ferrante, bajo un falso nombre ingresó a Rusia la semana siguiente. Sin un plano para ubicarse, y apelando a su ya desgastada memoria, creyó identificar el lugar donde “debería registrarlo todo con su grabador”. Parecía una gran fábrica. “Aquí se debe procesar el uranio”, se repetía Demian, como si al decirlo se convenciera aún más de ello. Esperó toda la noche escondido hasta que a primera hora de la mañana, se levantó la pesada reja metálica y comenzó a entrar gente.

Con paso seguro, Demian avanzó hasta la entrada, miró al guardia y, guiño de ojo mediante, ingresó con holgura. Lo había logrado, ya estaba adentro.

A pesar de haber superado el primer escollo, ahí recién comenzaría su odisea, ya que lo del grabador era todo un tema... Además de ahora tenerlo que encender y apagar “frunciendo los cantos” del ojete, debía permanecer sin defecar por casi una semana. Expulsar la miniatura antes de tiempo, pondría en peligro el planeta. Toda una paradoja, ya que volvía a validarse el apotegma de que “Las cagadas de Ferrante no dejan nada en pie”.

Día a día, hora a hora, minuto a minuto, simulando trabajar para no ser descubierto, y casi manteniéndose despierto las 24 horas, Demian lo registró todo, especialmente las conversaciones que mantenían unos sujetos vestidos con trajes blancos y guantes especiales, que manipulaban cientos de “cilindros de metal” que no paraban de salir de las cámaras refrigeradoras.

Ferrante, especulaba que dentro de aquellos recipientes se encontraba el “uranio”... Fue en ese momento que hizo una pausa, se dejó llevar, y se sintió orgulloso de servir a su nación como lo estaba haciendo, aún a riesgo de su vida. Por primera vez se sintió feliz; al fin y al cabo “era alguien”.

Para mayor mérito, sus presunciones acerca del contenido de los cilindros parecían ser correctas. Una tarde, un operario que había tropezado accidentalmente, dejó caer uno de ellos. La tapa saltó violentamente a varios metros, y Demian pudo apreciar el contenido “verdoso” de su interior... Era como una pasta sólida, semejante a la de las fotos de elementos radioactivos que le habían mostrado.

Aquel operario fue castigado con dureza por su superior, quien no paraba de gritarle y pegarle. En eso, sonó la alarma... Estaba claro que se trataba de un “escape radioactivo” y que todos debían evacuar el lugar. Era su último día en la Unión, y se dijo: “Ya está todo hecho, es hora de volver”. Y así como había ingresado, con la soltura con la que concurrió a aquella fábrica durante siete días... Así como se las ingenió para no expulsar matera fecal y poner en peligro la misión, así, así y así como tantas proezas más debió realizar por la causa de la paz, Ferrante tomó el avión de regreso a su país.

Sus primeras palabras al llegar fueron: “Un baño, por favor!!”. Luego de casi una hora dentro, y cuando todo parecía indicar que algo había salido mal, Demian abrió la puerta y todos los presentes debieron desalojar la sala... Era toda una semana de alojamiento fecal en los intestinos, no era pavada. Sin embargo, allí estaba él, como bombero hidalgo luego de apagar un incendio, con el Geloso en la mano y diciendo: “Señores, misión cumplida”.

Los miembros del servicio secreto de ambos países, la chancillería en pleno y muchos agregados militares, comenzaron a aplaudir y a ensayar una tonada que terminaría en: “Ferrante, el Inca de la Paz, el Inca de la Paz”, con la melodía de El cóndor pasa.

Demian se largó a llorar como a un chico, entre abrazos de sus compatriotas y extranjeros. El grabador fue puesto a disposición de las autoridades y llevado para ser analizado y desgrabada la cinta. Esa noche, en una cena en su honor, Demian fue condecorado con el galardón que mencionaba la canción del festejo: “El Inca de la Paz”, honra sólo concedida a quienes prestan gran servicio a su patria.

Sin embargo, lo que le sigue a esta historia habla del porqué estuvo oculta tanto tiempo: el final fue otro.

Lo registrado por Ferrante en su estadía rusa no resultó ser lo esperado; por el contrario, no fue de ninguna utilidad y provocó un profunda vergüenza a sus compatriotas miembros del gobierno.

Demian se había pasado la semana de su misión en Rusia dentro de una fábrica de helados, para ser precisos, en la sección de elaboración del “pistacchio” , la hoy conocida pasta almendrada verdosa, toda una novedad en la Unión Soviética de aquel entonces. Tampoco la alarma que había escuchado aquella tarde habría sido más que el timbre de salida de los operarios. Ni la reja metálica que transponía a diario otra cosa que un “portón levadizo común”, y no la Cortina de Hierro de la que le habían hablado tanto. Lo de Ferrante Kramer había sido un papelón internacional, un bochorno a todas luces. De ahí que éste fuera uno de los secretos de estado mejor guardados.

Inmediatamente, y en absoluto secreto, le fueron retirados los honores concedidos; se hizo lo posible para que la historia no trascendiera. Ferrante fue no menos que echado a patadas de su país, de ahí que decidiera probar suerte – de la mala, también - en Argentina, donde se sentía tan a gusto fracasando.

Y aquel título que supiera conseguir, el “Inca de la Paz”, que duró apenas unos días, sería reemplazado por otro, más permanente y a la altura de su patético personaje: “El incapaz”

08 diciembre, 2006

Regreso con gloria

INTRODUCCIÓN

Siempre fuimos conscientes de que le debíamos al “Maestro” una entrada realmente gloriosa en su Blog. Lo supimos desde un principio, cuando veíamos que por más que lucháramos a diario para defender la honra y el honor del Coloso de Tumbes, al hacer nuestro balance, nunca quedábamos satisfechos... Nos resultaba imposible hallar un hecho contundente sobre su magnanimidad, incontestable desde todo punto de vista. Había muchas dudas y posiciones encontradas.

Pero, el día finalmente llegó. Hace muy poco nos acercaron una perla, una gema única cedida por la Fundación DFK que nos habla de un momento clave de la vida del genial escritor, aquél que marcó su regreso a las letras con la presentación de un libro sin par.

Los siguientes diálogos, que se cree se ubicarían en los años ’80, dramatizan conversaciones grabadas en poder de esta Fundación, y/o testimonios de personas entrevistadas que presenciaron aquel momento cumbre de la cultura latinoamericana. Todo vuestro!!


DRAMATIZACIÓN

"¿Quién escribió esto, nene?", preguntó exaltado el Jefe de Redacción de una importante editorial argentina. “Estee... un tal Ferrante Kramer, señor... Vino hace unos días y lo dejó sin decir más que: Léanlo, todo está allí... TOODO!”, le respondió notoriamente atemorizado su asistente, al ver la expresión desencajada de su superior.

“Ferrante Kramer??... Demian Ferrante Kramer??... Estás seguro, pibe?.... Pero no se había muerto ese tipo!”.

Advertencia al lector: el anterior diálogo, que parece indicar un nuevo desastre para la literatura a manos de Ferrante Kramer, no es tal; por el contrario, esta vez la historia es muy diferente.... (Sigue)

“Esto es una obra de arte!!”, exclamó el responsable de la Editorial... “Hay que imprimirlo... Llamalo por teléfono y traémelo aquí de inmediato, entendiste!”. El empleado, un poco más tranquilo al ver que la cosa pintaba bien, le explicó que no había dejado teléfono, pero sí una dirección poco precisa, bajo la autopista 25 de mayo. “Andá a buscarlo donde sea, pero no me puedo perder esta genialidad de Kramer ni mamado!”, gritó eufórico.

Ferrante había entregado el único manuscrito de su nuevo libro, el que creía que lo devolvería al ruedo y le conferiría el respeto perdido a lo largo de años de vida disipada en el vicio y el alejamiento de toda virtud. Una especie de autobiografía en la que resumía su vida de una manera magistral, cual confesión de quien pide clemencia y una segunda oportunidad. Digamos, un libro “imposible” para cualquiera que conociera a Ferrante, quien había acostumbrado a su público a una serie “ininterrumpida de fiascos y vergüenzas durante los último 40 años”. Sin embargo, contrariamente a lo esperado de él, un “trabajo notable” que lo ubicaba a la altura de un García Márquez, de un Saramago o de un Vargas Llosa, por lejos.

Aquel libro, jugado de principio a fin, había deslumbrado a Renato Trunzo, uno de los empresarios editoriales más influyentes del país. Si él había sentenciado que “era bueno”, no cabía duda. Pero a Trunzo le faltaba lo principal para editarlo: el autor.

Trunzo, hombre influyente como pocos y un “Image Maker” (Hacedor de imagen) talentoso, personalmente encabezó la búsqueda del peruano junto con autoridades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Policía Federal y ONG’s varias. Quería controlarlo todo, que no se le diluyera la oportunidad de consagrarse como el “recuperador del mito Ferrante Kramer”. Luego de una semana de ardua labor, y cuando ya la desesperanza se había apoderado del grupo, Demian apareció ante sus ojos. Con una botella de vino barato en la mano, sucio, dentro de un Valiant 3 destruido, ubicado debajo de la autopista AU1 a la altura de la estación Villa Luro del ferrocarril Sarmiento.

Al ver a la prensa, la policía y al dueño de la Editorial, Ferrante se largó a llorar, no quería que lo vieran así, hecho una piltrafa humana. El hombre, más allá de sus excesos, aún borracho conservaba una pizca de su dignidad de antaño ... Fue entonces cuando sucedió aquella cosa mágica: nadie se animó a ofenderlo con una foto ... Los periodistas se mantuvieron cautos; apagaron cámaras y grabadores. Y las autoridades lo acompañaron gentilmente, palmeándole la espalda como a un amigo.

Al día siguiente lo bañaron, lo asearon y maquillaron. Un corte de pelo de Pino, y un traje de alpaca de Armani, coronaron un trabajo de restauración personal que terminaría, a la semana, en un conocido hotel céntrico de Retiro, lugar donde se llevaría a cabo la conferencia de prensa y presentación del nuevo libro.

“Uno, dos, tres.. probando!”, repitió el presentador de la velada, nada más y nada menos que Hugo Guerrero Martinheitz, compatriota y admirador de Demian.

Ferrante, emocionado, comenzó a presentar su nueva obra, “Trabas del pasado”, haciendo referencia a todos y cada uno de los trágicos episodios de su niñez y adolescencia que detuvieron su marcha hacia el éxito y la fama. Sus palabras conmovían a la audiencia, a punto tal que acompañaban con su emoción cada relato suyo.

Demian estaba por concluir su relato cuando, desde el fondo, un grupo de señoritas comenzó a vociferar cosas obscenas contra él, mostrando su desagrado por el contenido del libro: “Y... para cuándo la verdad, turro?”, se escuchó la voz de un hombre. La escena era rara... Era un grupo de damas, pero con voces particularmente graves.

No pasó mucho tiempo hasta que los presentes se dieron cuenta que se trataba de los “Trabas del pasado” de Demian, omitidos deliberadamente por el peruano en el libro, quienes estaban dispuestos a hacerle pagar caro ese “involuntario” olvido.

“Vas a quedarte callado, farsante?”, repreguntó una de las chicas; “Cuántas páginas del libro te comiste... tantas como a nosotras?”, regañó otra. Demian no aguantó más las ofensas. No soportaba ya más los agravios que crecían en intensidad y número. Saltó del escenario, y comenzó a avanzar hacia el grupo, decidido.

Pero en la medida que se acercaba, inconscientemente detenía su marcha... En la medida que iba reconociendo aquellas caras, su rostro se relajaba. Los recuerdos y el placer volvían a dominarlo... Como en aquellos tiempos. En síntesis, Demian volvía a ser esclavo de su naturaleza promiscua.

“Gloria!.. Sos vos?”, exclamaría Demian al ver a quien fuera su amiga y compañera de travesuras. “Sí, soy yo atorrante”, respondería sonriente aquella chica, como perdonándole lo hecho con solo verle la expresión de sus ojos... Aquella dama traviesa no era otra que la del Hospital Durand, la del “parto del pescado” (Ver entrada: “Dr. Kramer”).

En medio de abucheos y puteadas, y quizás en el marco dela que sería su última oportunidad de redención literaria, Ferrante Kramer dejaría plantada a la concurrencia, y decidiría volver a recordar aquellas trapisondas de sus mejores tiempos.

Sería, como reza el título de esta entrada, un verdadero “Regreso con Gloria”.

06 diciembre, 2006

Scorsesse y La Biblia Peruana

Martín Scorsesse, es sin lugar a dudas uno de los cineastas contemporáneos mas importantes del mundo. Reconocido y admirado por millones de personas (incluidos sus pares), se ha convertido a lo largo de su extensa trayectoria en un referente social con sus filmes que a menudo tratan temas mas que controvertidos (caos urbano, diferencias sociales, violencia familiar, etc.)

Originalmente, Scorsesse planeaba ordenarse como sacerdote, lo que se nota en muchas de sus películas que reflejan una crianza católica. Fue atraído hacia el cine a edad temprana, y admite estar "obsesionado" con las películas. Siendo un niño enfermizo, pasaba mucho tiempo en recuperación en casa, observando lo que ocurría en la calle, desde su ventana. Gran parte de su infancia la pasó en cines, lo cual contribuyó a su determinación en ser cineasta.

Con casi cuarenta años de carrera, y una treintena de películas, estuvo nominado en siete oportunidades a los premios Oscar, pero nunca pudo alzarse con ninguna estatuilla. En los Golden Globe, obtuvo un premio en 2002 por su película “Gangs of New York”, habiendo sido nominado además 5 veces más.

Hasta aquí, esta información es la que puede encontrarse en cientos de miles de páginas web de amantes del cine. La pregunta es… ¿Por qué una referencia a Martin Scorsesse en la Web del poeta de Tumbes?

Esta es la Respuesta.

En 1999, Scorsesse se decidió a festejar 30 años de carrera, produciendo y dirigiendo una película elegida por él, cuyo guión estuviera realizado por algún escritor desconocido. De esta forma podría estar dándole chance a una nueva camada de guionistas y escritores de participar del negocio del cine. Era una manera de agradecerle al género, todo lo que él le había dado en su vida.

Él mismo se encargó de seleccionar la obra. Durante meses leyó y releyó guiones de jóvenes realizadores y no había ninguno que le hiciera el click necesario. Una tarde mientras leía los últimos libros que había recopilado por las distintas escuelas de arte de Estados Unidos le pidió a su mucama María (joven peruana nacida en Tumbes) un mantecado y un whisky. Maria, que acababa de llegar de hacer la compra de alimentos diaria, comenzó a preparar el pedido de su patrón. Sin darse cuenta, el papel en el que venia envuelto el pescado que había comprado (1), se pegó levemente sobre la parate inferior de la bandeja en la que Maria iba a llevarle a Scorsesse el mantecado y el whisky.

Maria una vez terminado el pedido se dirigió a la sala de lectura del cineasta y apoyó sin querer la bandeja sobre una pila de guiones que Scorsesse estaba releyendo. "Cuidado!!!!", le gritó el hombre con furia. La peruana, retiró rápidamente la bandeja mientras pedía disculpas una y otra vez… pero aquella hoja que venia pegada a la bandeja quedó sobre los escritos.

María salió de la habitación y Scorsesse, mantecado mediante en su boca, tomó el escrito que seguía en la lista, “la hoja en la que se estaba envuelto el pescado”. Scorsesse empezó a leer… y se empezó a entusiasmar… Lo había encontrado. El fragmento que había leído (no tenía claro porqué) era el tema que tanto buscaba, le había gustado.

Buscó la referencia y no encontró el nombre del autor. Solo vio que en el borde superior se leía: “La Biblia Peruana – Demian Ferrante Kramer”.

Terrible desconcierto para Scorsesse. No tenia idea de haber leído jamás ese nombre.
Terrible desconcierto para los seguidores de Demian. Por primera vez había aparecido algo impreso relacionado con la obra del Poeta de Tumbes.
Terrible desconcierto para Maríaa. El pescado (que había comprado en la “Pescadería Liberatti”, en la esquina de la 5ta. y Riverdale) se había descongelado, y al no tener papel que lo envolviese, la cocina se había impregnado de un olor nauseabundo que tardaría horas en quitar.

Scorsesse recorrió editoriales, escuelas de arte y nada… Solo encontró en Internet algunas referencias a Ferrante Kramer, y a un grupo social denominado Fundación DFK que estudiaba y promovía la obra de este ignoto escritor peruano.

Durante meses intentó en vano contactar a las autoridades de esa asociación civil. Fue ignorado ampliamente por el entorno familiar de Demian todas las veces que intentó reunirse con ellos. Siempre recibía la misma respuesta: “¿Scorsesse buscando a Demian? Dejate de joder!!!!!”

Pero se encaprichó tanto Scorsesse que estaba dispuesto a hacer la película a todo o nada. Si no lo lograba, abandonaría su carrera. Se iría a meditar al Tibet hasta el fin de sus días.

No obstante, una mañana, y casi como por arte de magia, apareció en la puerta de la casa un sobre papel madera con un juego de fotocopias anillada. Era un ejemplar de la Biblia Peruana.

Scorsesse no lo podía creer… pero no podía emocionarse del todo por el fuerte olor a merluza que emanaba del interior del sobre. Poco importó. Ya tenía el guión. Ahora el casting estaba por delante.

Con un estado de ámino rayano con el delirio, Martin contactó a Robert De Niro. No tenía todavía claro para qué papel, pero Martin quería a “Bob” en su película. Lo mismo hizo con Cameron Díaz y con Jack Nicholson. Los tres no entendían el esfuerzo de Scorsesse por llevar adelante un proyecto que a simple vista era sencillamente inverosímil, pero solo porque era Martin quien se ponía incondicionalmente al frente de esto, estuvieron de acuerdo en seguirlo.

Más difícil fue convencer a la Twenty Century Fox, para que avalara el proyecto. Si bien respetaban a Scorsesse no estaban dispuestos a invertir un monto de aproximadamente U$S 120.000.000 (2) para financiar la película.

En reuniones de pre-producción, nadie entendía a ciencia cierta el contenido de la obra. No se desprendía un hilo conductor, no había introducción, nudo ni desenlace, no había diálogos. No había personajes marcados, nada. En fin, a espaldas de Martin, todos pensaban que el genial cineasta había enloquecido. La Biblia Peruana – como guión cinematográfico- era totalmente inconsistente y soso.

En definitiva, Scorsesse tuvo que producir íntegramente la película. Si bien las primeras tomas de la película se rodaron en los fastuosos hoteles de Las Vegas y Hawai, finalmente y por razones presupuestarias se utilizaron las propiedades de Scorsesse en Hollywood, San Diego y Chicago como sets de filmación.

El afamado director quería máximo nivel de compenetración entre los involucrados y la historia del film. Su mucama, María, fue nombrada Responsable del Catering durante la producción. De esta forma, durante los tres meses que duró la filmación, abundaron el Chaque Arequipeño, el anticucho, el ceviche, el pescado a la chorrillana, la fritanguita, el ajiaco de papa y las caiguas rellenas. Aún hoy, algunos memoriosos recuerdan a Robert De Niro corriendo a las jovencitas detrás del plató con un vaso de chicha morada en sus manos.

Después de 90 días de filmación y de casi la mitad del equipo con serios problemas estomacales, Martin no había logrado ensamblar una sola escena coherente de la película, llevaba gastada una fortuna y cada noche en su cabeza resonaban las palabras de Pete Wholmann, Directivo de la Fox : “Martin… ¿te parece embarcarte en esta locura…?”.

Una mañana se decidió a parar la filmación y presentar el film como una película testimonial. Los actores se sintieron estafados y abandonaron el set en el término de tres horas. Los sonidistas, iluminadores, maquilladores y vestuaristas se rebelaron e incendiaron varias partes de la escenografía. Scorsesse fue internado por una descompensación cardiaca.

Al reintegrarse a sus tareas habituales, habiendo desestimado definitivamente seguir con el proyecto, fue entrevistado por Larry King (famoso columnista de la CNN) y haciendo referencia a su proyecto trunco que lo dejó por un tiempo en la ruina, dijo: “Filmar la Biblia Peruana fue un error”. El gobierno Peruano, en una actitud que aún no se entiende, lo declaró por ese comentario “Persona no grata”. A ciencia cierta, no queda claro si Martin Scorsesse llegó a enterarse de eso. Y si así fue, no demostró que le importara mucho.

Mientras tanto, debajo de los freezers cargados de kani kama y merluza, en el subsuelo de la Pescadería Liberatti (3) en la 5ta y Riverdale, descansa una importante cantidad de fotocopias anilladas con obras del poeta de Tumbes.

(1) Esa noche estaba previsto cenar Salmón rosado con ensalada rusa.
(2) Scorsesse quería hacer la superproducción más grande del cine moderno
(3). Nótese que se trata del mismo apellido del Presidente de la Fundación DFK. En otras entradas se investigará el tema cuando se hable de “Los Kramer y la maffia del pescado”