05 diciembre, 2006

La Guerra Fría (Parte 1)

El término “Guerra Fría” hace referencia a un período de la historia reciente en el que el mundo estuvo indudablemente en peligro. Una época en la que se hablaba de la “bomba atómica” y de la destrucción del planeta en manos de las dos potencias bélicas de aquellos años ’60: los Estados Unidos y la Unión Soviética. Y si bien nadie quería ser parte de ese conflicto, en los hechos todos lo éramos de alguna forma....

La mayoría conocemos aquellos sucesos. Por haberlos vivido, los más viejos, o por libros o publicaciones, los que crecieron en los años posteriores. Pero hay un dato poco conocido, quizás absolutamente desconocido para muchos, que vincula a un tercer país con aquel acontecimiento: Perú, la tierra natal de Ferrante Kramer.

Algunos dirigentes del partido gobernante en aquel país habían decidido adelantar una posición a favor de uno de los contendientes, los Estados Unidos, en una clara iniciativa de cerrar vínculos en momentos difíciles para capitalizar los beneficios de un eventual triunfo sobre la Unión Soviética por parte de aquellos. Esa intención se materializó en un “documento declarativo de guerra” emitido por la Secretaría de Asuntos Externos del Perú, sin valor alguno, ya que había sido suscrito por un par de diputados trasnochados, Arregui y López, un militar de bajo rango, Saverio Escalada, y un Subsecretario del área, Artemio Linkes.

El documento llegó al Kremlin a través de la Embajada de la URSS en Perú, y causó el efecto esperado: en pleno, el politburó se cagó de risa, y sin entender cómo podía haber gente tan pelotuda, lo desestimó, pero, no obstante, brindándole el tratamiento burocrático de rigor ... A fin de cuentas, el tema concernía a dos naciones – la URSS y Perú – y había que tomar la medidas del caso, aunque se tratara de una huevada.

La Unión decidió enviar a uno de sus espías, personajes muy comunes aún hoy en día, pero que en aquellos años pululaban por doquier. Y ese espía tendría una particularidad que lo haría especial... Era idéntico a Demian Ferrante Kramer.

Entretanto, la noticia de la irresponsable provocación peruana a los rusos había llegado a oídos de los Estados Unidos. Y también el hecho que la Unión había tomado cartas en el asunto enviando al “clon” de Demian, Vladimir Arenko, lo que llamó especialmente la atención de los norteamericanos. Sin embargo, más allá de ver en ello una crisis, los yanquis percibieron que tenían por delante una gran oportunidad.

Miembros del Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos viajaron a Perú para interceptar al espía en un operativo secreto. Arenko fue detenido a minutos de su ingreso al país, sin levantar sospecha alguna. Los rusos no registrarían el hecho, ya que era muy común que un infiltrado no se comunicara con su “base” si ponía en peligro su misión.

Acostumbrados a hacer cualquier desquició fuera de su casa, el grupo comando del norte interrogó a “su manera” al espía ruso, sin obtener de él una sola palabra. Fue en ese momento cuando el líder del operativo vio algo que lo dejó atónito. Sobre la mesa de la habitación del hotel donde se encontraban practicando “boxing” con el soviético, en la contratapa de un libro denominado “La biblia peruana”, se retrataba la foto de un tipo igualito al ruso que le estaban moliendo los huesos.

“Stop punching him!” (Paren de golpearlo!), gritó a sus hombres el americano, quien no podía dejar de mirar el libro y al espía ruso repetidamente .... “Cambio de planes”, agregó en español... Sucedía que se le había ocurrido una idea que podía cambiar el curso de la historia e inclinar la contienda a su favor.

A través del gobierno peruano, y aunque no existe prueba alguna de ello, Ferrante Kramer fue contactado y puesto en autos. Se le explicó que su tarea sería sencilla: “Inmiscuirse tras la Cortina de Hierro y grabar todo lo que escuchara ... Que se le había puesto en sus manos el desenlace de la llamada Guerra Fría y, por ende, el destino de la humanidad toda, amenazada por la guerra nuclear”. Demian, sorprendido por el ofrecimiento entró en otro de sus recurrentes trances mesiánicos... Se proyectó vaya uno a saber dónde, y como preso de un embrujo aceptó entusiasmado sustituir al espía ruso. Preguntado por cuál sería su precio, Ferrante respondió: “No pretendo dinero alguno, lo hago por mi patria, señores!”

En los siguientes días Demian aprendió algunas cosas básicas del idioma: identificar rangos militares, decir “Si”, “No”, “Hola, chau, buen día y buenas noches, agua, sexo y quiero comer”, como para zafar en situaciones embarazosas. Alguien lo reconocería seguramente, y tenía que salir airoso de la situación.

Las autoridades de inteligencia del Perú y los Estados Unidos enseñaron a Ferrante el sitio aproximado donde debía recalar, qué “artefactos” debían darle la pauta de que se encontraba en el lugar correcto, aquel en el que trabajaba Vladimir Arenko... Sucedía que no se tenía certeza absoluta de ello. No obstante, antes que terminaran su discurso Demian los atajó en seco, diciéndoles: “Están hablando con un artista talentoso, inteligente, un hombre que se las ha visto en peores... no con un boludo!... Me las arreglaré para encontrar el lugar!”. La actitud seria y firme de Ferrante terminó por convencerlos, y ratificar la creencia de “Haber encontrado al hombre indicado”.

En breve, la Segunda Parte de este épico pasaje de la vida del más grande escritor latinoamericano de todos los tiempos, Demian Ferrante Kramer.

01 diciembre, 2006

Hoyo 19

La historia negra de Ferrante Kramer no se limitó únicamente a su participación en la política libertaria de los años 60 junto a Luther King y Malcom X, o a su fugaz paso por el jazz de la mano del mítico Duke Ellington.

Hay otro momento del Coloso de reciente data, ubicado a fines de los ’80, y también en tierra americana, que lo vincula a uno de los actores de color más sobresalientes del deporte de los últimos tiempos: Tiger Woods.

Pero no el Tiger triunfador y millonario que todos conocemos hoy, sino el humilde muchacho de 15 años que a duras penas podía sostener la paga de un “caddie latino”, Demian, que trabajaba a su lado por tan solo unas monedas para poder comer. El Tiger primitivo, en ciernes, discriminado por un establishment “elitista y blanco” que, vislumbrando la amenaza encarnizada en la piel oscura de aquel mocoso, lo segregaba y relegaba para que nunca llegara a formar parte de aquel exquisito y privilegiado mundo del golf.

Quizás ese paralelo que existe entre “latinos y negros”, entre esos dos mundos tan diferentes a simple vista pero históricamente unidos por el mismo desprecio social al que se encuentran sometidos, haya sido el detonante que hizo que entre ambos se generara desde un inicio una especie de “simbiosis”, un proceso de empatía irreversible donde el sudaca sentía el sufrimiento del negro, y viceversa.

No eran el “jugador de golf” y el “caddie”... Eran como hermanos de guerra. El compromiso del uno para con el otro era tal que si los talentos hubieran estado invertidos, ninguno de los dos habría dudado en trocar los roles. “Demi”, lo llamaba cariñosamente Tiger al peruano; “Pequeño Tigre”, le devolvía igualmente Demian, quien era el único en denominar con un apelativo latino al que sería la futura estrella del golf mundial.

Pero por más empeño que Tiger pusiera, por más talento que demostrara, no se podía llegar más lejos en aquel mundo dominado por los popes del “Star bussines”. Siempre había un “pero” que obstaculizaba su meta: la edad, las distancias, el presupuesto, el reglamento, y alguna que otra zancadilla técnica o legal que no habría nunca de faltar si la ocasión pintaba fea para los “muchacos de siempre”.

“No se puede llegar”, diría resignado Tiger... “Al menos que se juegue con sus propias reglas”, agregaría amenazante Ferrante, en un intento por revertir el desánimo del próximo campeón.

“Para ganarles en su terreno...”, añadiría el peruano, “Hay que darles a probar de su propia medicina blanca”... “Todo vale, Tigre.... Hay que hacer lo que sea necesario para ganar.... Y pegar el gran salto de una vez!”. Cualquiera que hubiera en aquel momento al Maestro, iracundo y desbordado, habría muerto de un susto.

Pero no era fácil para Tiger digerir eso, era muy chico para entender a un “especialista en desgracias y mala fortuna” como Ferrante. Sin embargo, había decido entregarse en sus manos, confiado en que el Coloso tumbesino sería su pase a la gloria.

Y llegaría el día del tan ansiado torneo de Loussiana, el que podía marcar el ingreso de Tiger Woods a las “Ligas Mayores” del golf... Allí donde pertenecían los Nick Faldo, los Ballesteros, los Greg Norman y tantos otros a los que veía por televisión.

El encuentro comenzó, y uno a uno los hoyos – 18 en el golf – se fueron completando. Todos los participantes comenzaron bastante parejos, pero a la altura del hoyo 17, sólo 2 podían disputarse el triunfo: Tiger, y un tal Ted Duncan, buen jugador y unos años mayor que él, pero para quien el “golf” era solamente un divertimento para matar el tiempo y el aburrimiento.

Duncan era un nene de papá, un mantenido, y eso sulfuraba a Ferrante quien entendía que ése tipo no debía ganar, y menos ganarle a su amigo, el Tigre.

Fue cuando a Demian se le ocurrió jugarse entero, y hacer otro de los tantos actos solidarios que caracterizaron su vida. Se desprendió disimuladamente del pelotón, y corrió hacia el hoyo 18, distante unos 400 metros de donde estaban, tras una loma y un pequeño lago artificial. Le tocaba golpear a Duncan.

El impacto fue tremendo. De haber habido antecedentes, seguramente muchos habrían sugerido la posibilidad de un “hoyo en uno”. La concurrencia siguió con la vista la pelota y corrió hacia el “18” para verificar dónde había caído. Se hacían apuestas en el camino... Que “la pelota entró”, que “quedó a menos de un metro del hoyo”, sostenían la mayoría, aunque también había, los menos, que apostaban por “la arena o el agua”.

Al llegar a la zona, todos los presentes no entendían nada. La pelota no aparecía por ningún lugar, no estaba en el bunker, ni el el green.... A lo sumo, había caído al agua. Verificaron si estaba en el hoyo, y tampoco. Era un misterio.

Cosa que no es habitual en los torneos, se revisó uno por uno a los participantes – para verificar que no se trataba de un bromista - y se rastreó por casi una hora el lugar, pero nada.

En eso, Demian reapareció, bastante agitado y desencajado, la larga carrera lo había hecho añicos. Tiger llegó a preocuparse, porque parecía que le faltaba el aire... Un color azulado invadía su rostro y no respondía a las consultas que le hacía Tiger, por lo que dejó de preguntarle y jugar su último tiro sin el consejo del peruano.

Tiger terminó el partido con un golpe menos que Duncan y se llevó el torneo. Duncan perdió toda posibilidad cuando el jurado, hostigado por un público mayoritariamente negro que comenzaba a desconfiar de su imparcialidad, finalmente y de mala gana tuvo que fallar en su contra interpretando que su pelota se encontraba en el fondo del lago.

Demian levantó la mano en señal de triunfo, le sonrió a Tiger, le guiñó un ojo, y se retiró rápidamente. Ni siquiera estuvo para los festejos. Esa fue la última vez que Tiger Woods vio a Ferrante Kramer. Lo buscó por años y llegó a pensar que estaba muerto; aún recuerda su pérdida en reunión de amigos e íntimos.

A la semana de finalizado aquel torneo, un diario amarillista de Tijuana, México, publicaría una noticia graciosa para algunos, pero dramática para quien fuera su protagonista: “Hoyo 19: Hombre caga una pelota de golf y sufre desgarro anal”.

Jamás nadie llegó a asociar los dos acontecimientos. Demian se encargó perfectamente de que así fuera, yendo a parir su desgracia a otras tierras.

Tiger Woods es aún hoy el mejor jugador de golf de todos los tiempos, y disfruta de una vida de placeres y lujos desde aquel día. Y gracias al gran corazón del “Maestro”, nunca sabrá que aquel triunfo suyo ante Duncan en Loussiana no fue limpio, ni mucho menos. Jamás sabrá que fue tan sucio y sangriento como el tránsito de aquella inocente pelotita blanca por los intentinos del más grande escritor de la historia latinoamericana: Demian Ferrante Kramer.

29 noviembre, 2006

Demian y la hija de Perón: "¿Una historia mítica o bizarra?"

¿Cómo se hace para mantener escondido un mito? ¿Cómo puede hacerse para mantener oculta una verdad si ya se torna insostenible?

Hoy, queridos seguidores, intentaremos develar otra parte de la extraña pero intensa relación entre Demian Ferrante Kramer y el General Juan Domingo Perón.

Como se indicó en entradas anteriores, Demian recaló en la quinta 17 de octubre, y enceguecido por la asociación de la fecha de nacimiento de su mascota historica (la cual trágicamente había desaparecido) y el nombre de la morada en España del General, hicieron que Ferrante se inmiscuyera utlilizando métodos no tradicionales para ingresar a su círculo íntimo, aprovechando la buena predisposición del líder popular argentino.

Dos años estuvo Demian como jardinero de la quinta. En más de una oportunidad, mientras buscaba rastros de Fami, intentó interactuar con Perón quien lo ignoraba sistemáticamente con una sonrisa. Una tarde, mientras el general realizaba su caminata diaria, Demian estaba acomodando unos canteros de malvones que habian quedado desacomodados… con bastante furia. Ferrante vociferaba contra los empleados de la custodia del General, que habitualmente lo cargaban cuando pasaban a su lado diciendo: “Demián (mal acentuando la “a” final)…Cuidado que te la dan!!... o Ferrante... ¿te la dan por adelante?”.

“Estúpidos imberbes!!" gruñó Demian, justo frente al general, que pasaba por el lugar. De golpe Perón se quedó estupefacto: “¿Qué dijiste pibe?”... Demian intentó explicarle pero el General lo dejó con la palabra en la boca, mientras se retiraba repitiendo entre sonrisas “Estúpidos imberbes… esta buena esa eh?”.

Difícilmente el Coloso de Tumbes haya comprendido en ese momento que aquellas palabras suyas, que habia acuñado desde la ir, harian historia años después en la politica latinoamericana contemporánea.

A partir de ese día, Perón comenzó a charlar más con Demian, cargándolo porque los canteros quedaban desparejos. Eso hizo que Ferrante le contestara con su caraterístico sarcasmo que, hasta acá, nunca quedó claro si el General llegó a interpretar. En un par de meses, Demian pasó de jardinero a chofer de la Sra. Isabel, y en poco tiempo ya interactuaba con los dueños de casa casi en intimidad.

Largas charlas de política económica y de cuestiones sociales encontraban al General, al Sr. López (amigo de la familia) y a Demian hasta altas horas de la noche, sentados en el porsche de la casa principal. No queda muy claro si el nivel de participación de Ferrante se limitaba a servir el café, prender los cigarros o emitir un comentario sobre el tiempo o el cantaor Pedrito Rico, pero el hecho es que el tipo estaba ahí.

Y eso no sería más que el principio de una historia singular entre él y el famoso general. Así, como al pasar, un tarde conoció a Marta, una joven morocha que cada tanto venía a la quinta preguntando por “Papito”, y encaraba directamente a la suite del General.

Demian charló con ella en más de una oportunidad pensando que ella era la hija del general. Con los años esta mujer entabló una demanda filiatoria a los herederos de Perón diciendo ser la única hija y por ende heredera universal del General Perón.

El hecho generó una trascendencia descomunal. Marta recorrió los más importantes medios del país con su alocada teoría, aunque siempre se sospechó que no era más que la parte visible del asunto, que había un autor intelectual oculto detrás de tan escabroso plan. Entre tanto, todos abonaban de alguna manera la hipótesis.... Su potencial era tal que, de ser cierta, podía cambiar el curso de la politica latinoamericana.

Los distintos estudios de ADN realizados dieron por tierra esa caprichosa teoría. Haciendo quedar a la bizarra mujer, en el ridículo. Los detractores de Demian dicen que el poeta de Tumbes fue durante años el principal impulsor de esa idea, ya que siguió ligado a la joven por un largo período y fue el principal defensor de esa teoria.

Algunos sostienen que Marta rompió finalmente con Ferrante cuando, necesitada de pruebas para sostener su filiación con el general, Demian le respondió: “Todo lo que me consta es que le decías papito, o no?...”. Extraoficialmente, se sabe que los hjios de Marta estan buscando a Ferrante Kramer para ajusticiarlo.

Walter Liberatti, Presidente de la Fundación DFK, niega relación personal alguna con Ferrante, toda vez que es increpado por los abogados patrocinantes de la ahora anciana mujer que, hasta hace poco, se creyó la heredera del general Perón

Muy pronto, la Tercera Parte de esta historia: “El Panteón compartido”´.

27 noviembre, 2006

La rata

Hay una historia que avergüenza a la Fundación DFK porque los toca muy de cerca, quizás como ninguna otra. Es una historia de cobardes, de “poca hombría”, de verdaderas gallinas. Y todos estuvieron involucrados, desde su Presidente, Walter Liberatti, hasta el último vocal suplente, incluidos los 3 socios adherentes.

Peligraba la Biblioteca “Ferrante Kramer”, y nadie se animaba a defenderla del agresor. Y el agresor no era otro que una rata. Sí, una “rata” de esas que existen de a millones en Buenos Aires, y también en Villa Martelli, la ciudad sede de la emérita Fundación.

Y decimos que avergüenza, porque tuvo que contar con el propio Ferrante a la cabeza de la gesta. Y lo peor, quedó al descubierto que en aquellos mediados de los 80, el magnánimo escritor peruano se encontraba en una mala época, otra de las tantas que afectaron su preciosa humanidad.

Quebrado económicamente como en tantas ocasiones, trabajaba en una empresa de “Desinsectación“, matando liendres, alacranes, roedores y cucarachas. Un trabajo humillante para semejante coloso, una tarea que lo desmerecía como prohombre de letras que era, pero que Demian aceptaba como aceptó siempre cientos de oprobiosos conchabos a lo largo de su vida.

Los gritos en la Fundación alertaron al vecindario. Liberatti, Osorio y Landoni estaban en la puerta gritando como maricas: “La rata, la rata, la rata!!!... mátenla!”, en tanto los vecinos del lugar apreciaban absortos tan ridículo espectáculo de los hasta ese entonces “prestigiosos hombres de la cultura lugareña”. La gente a partir de ese día habría de perderles todo el respeto.

Pero lo más infame de ese show fue que la imagen del Ferrante Kramer se hizo añicos de una manera tremenda. Todos los presentes lo vieron llegar aquella tarde en la mugrosa chata de “El exterminador de Martelli”, la empresa de fumigaciones en la que trabajaba. Un desvencijado Chevrolet 46 que invitaba a la hilaridad.
El otrora “Grande entre los grandes”, se presentaba en su pueblo adoptivo en mameluco, flaco y desgarbado, munido de matamoscas, tubos, sopletes, fuelles, tarros y botellas, que lo asemejaban a un grotesco astronauta del tercer mundo... Una siniestra caricatura del progreso mal entendido, un miserable haraposo, sucio y vencido, más alejado de las letras que un analfabeto en la selva.

Cuando descendió, fue todo un hazmerreír. “Dedicate a los gatos, Ferrante, que eso es lo tuyo”, gritaban unos, mientras que otros retrucaban con chascarrillos afines como: “Tenés reunión con algunas amigas .... mirá que muerden Ferrante!!!.... Ni se te ocurra sodomizarlas!!.".

La cuestión fue que el peruano, fingiendo una sonrisa y levantando la mano como un ídolo saludando a sus fans, ingresó en silencio a la Fundación, decidido a terminar con la rata de una vez. “Su biblioteca” estaba en peligro, y no había más que decir ni tiempo que perder. Lo que sigue fue un verdadero desastre, porque tomó estado público. En la biblioteca no había un solo libro, la rata había dado cuenta de todos ellos. Demian había llegado tarde, estaba todo perdido.

Algunos de sus detractores afirman que en la biblioteca nunca hubo libros, que nadie jamás donó nada a la Fundación. Otros, más críticos aún, dicen haber visto a Liberatti en el Parque Rivadavia vendiendo ejemplares de “La Biblia Peruana” en hebreo y “Yo, Demian”... “Para juntar unos pesos y pagar la luz de la institución”, sostienen, aunque no descartan que fuera “Para vino o trolas”.

Nadie tiene la verdad absoluta de lo sucedido durante aquella jornada. Lo cierto es que Ferrante salió de la Fundación tal como entró, en silencio y masticando bronca (1). La rata, jamás fue encontrada (1).

(1). Sí, nosotros también pensamos lo mismo.

24 noviembre, 2006

Demian y Perón (Parte I)

Finalmente, y luego de soportar las presiones internas y externas hemos decidido brindar una vez más un haz de luz en uno de los segmentos más oscuros de la vida de Demian Ferrante Kramer.

Cabe destacar, que durante los últimos quince días, quienes ideamos este blog hemos sido presionados por distintos medios para contar la verdad… y en virtud de los acontecimientos y a los miles y miles de pedidos recibidos por seguidores de Demian en todas partes del mundo, hoy vamos a publicar la verdadera historia del vínculo de Demian Ferrante Kramer con el General Juan Domingo Perón.

Cabe destacar, que gran parte de la información volcada en esta entrada fue chequeada por diversas fuentes una y otra vez y si bien, en ningún caso pudimos certificar la historia, entre todos los testigos se generó un halo de “complicidad” que nos dio a entender que estábamos en el camino correcto: muchos negaban con su rostro pero asentían con su mirada… con movimientos temblorosos (como quien se enfrenta a una situación de extrema tensión) pero con la certeza de que su testimonio haría más grande la historia del escriba de Tumbes, más de un centenar de testigos fueron pasando por nuestras oficinas, a dejar no solo su relato, sino a construir también su legado.

Se dice que Demian, una vez que abandonó al viejo napolitano Piero Lazzi (ver la entrada “Il Castrato”), en la segunda mitad de la década del 50, se dirigió a Alemania. Las maldades del destino sumadas a que Demian a gatas dominaba el español por lo cual todo lo que no fuera castellano le era sencillamente inentendible, De esta forma, intentó viajar de polizón a un tren de la empresa Rail Europe en la estación de Módena que viajaba a Berlín.

Equivocó el anden, y subió a un servicio denominado en Italia “letrero” (una traducción literal lo denominaría lechero, por detenerse en todas las paradas). Este tren unió Módena con Barcelona en 18 días, realizando en ese trayecto 248 paradas en poblados de distinta densidad demográfica.

Demian recibió atención médica durante ese lapso, por presentar síntomas de parálisis en una de las piernas: Estuvo en cuclillas 14 días sin moverse en el vagón de depósito de maletas por miedo a ser descubierto. Esto, sumado a un estado de deshidratación y hipotermia hicieron que el personal de seguridad de la empresa de trenes no tomara represalias con él por no contar con su pasaje y lo dejara abandonado en la sala de guardia de un hospital de las afueras de Madrid.

Vagó durante semanas por la capital de España. Una fría madrugada de febrero, lo encontró durmiendo bajo unos árboles en la Av. Navalmanzano, en la lujosa urbanización llamada Puerta de Hierro, cerca de la carretera del Prado que lleva en pocos minutos al Palacio de la Zarzuela y a la residencia que había ocupado el Generalísimo Franco.

Demian se despertó con unos ladridos y una llovizna que tenia la mañana. Al instante creyó ver un signo divino. La quinta se llamaba “17 de Octubre”… y los ladridos que escuchaba de fondo… No podía ser!!!!...17 de octubre era la fecha de nacimiento de Fami su hermosa perra Colie, mascota de la infancia que había desaparecido misteriosamente.
Íntimamente, Demian no había creído nunca el hecho que Fami había desaparecido.

Buscó infructuosamente en varias oportunidades al can, hasta recibió una golpiza en Hollywood, al querer raptar a Lassie, confundiéndola con su mascota. En fin, ahora había alguien que había puesto a una residencial quinta madrileña, la fecha de nacimiento de su perra como nombre… evidentemente Fami tenia que estar ahí.

Saltó el muro, y antes de caer fue atacado por dos Rottweilers que casi lo destrozan de no ser por la joven dueña de la casa (Sra. Isabel) que a los gritos hizo salir corriendo a los canes hacia los fondos de la casa.

Casi desangrándose fue atendido por el Dr. Hipólito Barreiro, médico personal del dueño de casa, el cual al parecer, era una figura reconocida de la política latinoamericana.

Este hombre, militar retirado, persona con códigos, dio instrucciones al personal de la quinta de que hospedaran y cuidaran al joven desconocido hasta que estuviese totalmente repuesto para evitar cualquier tipo de reclamos en el futuro.

Demian fue alimentado durante casi un año con los mejores manjares gastronómicos de la península ibérica. En un par de oportunidades, fue sorprendido por las noches provocando a los perros para poder volver a ser mordido y de esa forma, extender su estancia en la quinta y ganar tiempo para encontrar a Fami.

Una mañana, Demian se presentó frente al dueño de casa, y le pidió trabajo. Según explicó, quería “pagarle” su hospitalidad (en realidad quería hurguetear para encontrar a su mascota). Don Juan, el sexagenario político argentino, sonrió calidamente “…no hace falta pibe, jajajaj” Demian le clavó la mirada para intimidarlo, El viejo sin mirarlo, pareció ni inmutarse y dándose vuelta le arrojó: "… y bue.. que sé yo… cortá el pasto!"

Demian lo había logrado. De ahí a entrar al círculo íntimo de Juan Domingo Perón… había un paso.

- ¡Próximamente, el escalofriante desenlace de esta historia! -